SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0536/2025-S1
Fecha: 23-May-2025
SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0536/2025-S1
Sucre, 23 de mayo de 2025
SALA PRIMERA
Magistrada Relatora: MSc. Julia Elizabeth Cornejo Gallardo
Acción de libertad
Expediente: 52484-2023-105-AL
Departamento: Cochabamba
En revisión la Resolución AL-007/2022 de 9 de diciembre, cursante de fs. 71 a 86 vta., pronunciada dentro de la acción de libertad interpuesta por Amilcar Cori Alanes contra Delina Irma Zurita Herbas, Vocal de la Sala Penal Cuarta, y Emilse Patricia Arnez Quiroz, Jueza de Sentencia Penal Primera de Sacaba, ambas del Tribunal Departamental de Justicia de Cochabamba.
I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA
I.1. Contenido de la demanda
Por memorial presentado el 8 de diciembre de 2022, cursantes de fs. 43 a 51 vta., el accionante, expresó los siguientes argumentos de hecho y derecho.
I.1.1. Hechos que motivan la acción
Dentro del proceso penal seguido por el Ministerio Público en su contra por la presunta comisión del delito de abuso sexual, como emergencia de la imputación formal de 30 de abril de 2022 en audiencia de medidas cautelares, el Juez de Instrucción, Anticorrupción y Contra la Violencia hacia la Mujer Tercero de la Capital del departamento de Cochabamba dispuso su detención preventiva mediante Auto Interlocutorio de 1 de mayo de 2022, alegando la concurrencia de los presupuestos del art. 233.1 y 2, asimismo los arts. 234.7 y 235.2, todos del Código de Procedimiento Penal (CPP).
El 28 de junio del 2022 se efectuó la declaración anticipada de la menor, en la cual desmintió todo lo denunciado anteriormente, manifestando que se inventó las agresiones sexuales, que su padrastro nunca la tocó, que inventó eso porque no le dejaban ir a ver a su padre biológico y que se siente arrepentida. Lo que generó duda de la comisión del delito; sin embargo, en la audiencia de cesación de detención preventiva, de 11 de julio de 2022, el Juez no aplicó la duda razonable para enervar el riesgo procesal del art. 235.2 del CPP.
Posteriormente, en la audiencia de 7 de octubre de 2022 se enervó el riesgo procesal previsto en el art. 234.7 del CPP, quedando únicamente latente el inmerso en el art. 235.2 del mismo Código; sin embargo, sin aplicar las modificaciones de la Ley 1173, por Auto Interlocutorio de la misma fecha, el Juez de Instrucción de Violencia Contra la Mujer Primero de Sacaba, rechazó la cesación a la detención preventiva.
El 3 de noviembre de 2022, nuevamente solicitó cesación a la detención preventiva, celebrándose la audiencia ante la Jueza ahora demandada, quien mediante Auto Interlocutorio rechazó la solicitud, manteniendo subsistente el riesgo procesal del art. 235.2 del CPP, y efectuando una defectuosa valoración de la prueba.
Ante tal determinación, interpuso recurso de apelación, que fue resuelto por la Sala Penal Cuarta del Tribunal Departamental de Justicia de Cochabamba, mediante Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022 que desestimó el mismo, manteniendo latente el riesgo de peligro de obstaculización del art. 235.2 del CPP. Esta decisión desconocería los propios datos del proceso, dado que estaría influenciado en la madre de la víctima, cuando no existe ninguna documentación que acredite dicho aspecto, y manifiesta que la víctima ya prestó su declaración anticipada y a fin de no revictimizarla, no será partícipe de un posible juicio oral.
Agrega que no realizó una valoración integral, mantuvo este riesgo procesal vulnerando la debida fundamentación y motivación porque no estableció cómo, cuándo y dónde se estaría realizando esa influencia, no valoró los elementos presentados para desvirtuar el riesgo procesal consistentes en la declaración anticipada de la víctima, tampoco el informe psicosocial de 10 de octubre de 2022, declaraciones testificales de descargo, este riesgo de obstaculización debe ser materialmente verificable, debieron explicar por qué la prueba adjuntada no resultaba pertinente, de qué manera podría influir sobre la víctima y testigos, se apartaron de los principios de razonabilidad y objetividad.
A momento de valorar los documentos que desvirtuaban este riesgo estableció que se debe aplicar perspectiva de género, destinada al proceso en sí mismo y no a las medidas cautelares, como erróneamente fundamentaron las autoridades demandadas.
Ambas autoridades, no consideraron que ante la eventualidad de que el único riesgo siga latente y que el imputado desvirtúe el mismo, se estaría ante una posibilidad de que se disponga libertad irrestricta en consideración a lo que prescribe el art. 231 Bis del CPP, sin observar lo dispuesto por el último párrafo del art. 235 del mismo Código, referido a que este riesgo no se puede fundar en presunciones abstractas.
I.1.2. Derechos supuestamente vulnerados
El peticionante de tutela, denuncia la lesión de su derecho a la libertad y al debido proceso en sus elementos de fundamentación y valoración de la prueba, citando los arts. 23.I, 115.II, 117.I y 203 de la Constitución Política del Estado (CPE).
I.1.3. Petitorio
Solicitó se conceda la tutela, y en consecuencia: a) Se anule el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022, y se disponga se emita nueva resolución, observando el estándar más alto de favorabilidad; b) Con relación a la Juez a quo se aplique la acción de libertad innovativa.
I.2. Audiencia y Resolución del Juez de garantías
Celebrada la audiencia pública virtual el 9 de diciembre de 2022, según consta en acta cursante de fs. 70 y vta., se produjeron los siguientes actuados:
I.2.1. Ratificación de la acción
El abogado del accionante se ratificó in extenso en los fundamentos desarrollados en su memorial de acción de libertad.
I.2.2. Informe de las autoridades demandadas
Delina Irma Zurita Herbas, Vocal de la Sala Penal Cuarta del Tribunal Departamental de Justicia de Cochabamba, presentó informe escrito cursante a fs. 67 a 69, señalando lo siguiente: 1) Conforme la jurisprudencia desarrollada por el Tribunal Constitucional, se tiene que un Juez de garantías constitucionales está impedido de revisar o sustituir a la jurisdicción común, por cuanto la interpretación de la legalidad ordinaria es realizada con plenitud por la jurisdicción ordinaria, en razón de que la acción de libertad no se constituye en una instancia procesal más de revisión de resoluciones, aspecto que se desconoce por el accionante pretendiendo que la jurisdicción constitucional asuma atribuciones que no le competen; 2) No es evidente lo aseverado por el accionante, en sentido que se habría incurrido en una indebida fundamentación y motivación en la valoración de la prueba, respecto al riesgo procesal previsto en el art. 235.2 del CPP, dado que la competencia de un tribunal de apelación es la revisión de la labor del juez de primera instancia, habiéndose respondido a cada uno de los agravios formulados por la defensa del accionante, así se determinó que en la causa debe aplicarse perspectiva de género por la naturaleza del delito y por la situación de la víctima con relación al imputado; 3) Se debe considerar que la víctima resulta ser una mujer, y por ende se debe efectuar una ponderación de los derechos del imputado frente a los derechos de la víctima, que en el caso es una menor de edad, por lo que se debe considerar lo dispuesto por los arts. 3.2 y 34 de la Convención sobre los Derechos del Niño; y, 4) Se puede evidenciar que no existe vulneración del derecho al debido proceso mucho menos a la libertad y a ningún otro derecho, dado que el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022, fue pronunciado en estricta observancia de la jurisprudencia y los preceptos legales pertinentes al caso, cumpliendo a cabalidad lo dispuesto por los arts. 124 y 173 del CPP; por lo que solicitó se deniegue la tutela.
Emilse Patricia Arnez Quiroz, Jueza de Sentencia Penal Primera de Sacaba del departamento de Cochabamba, presentó informe escrito que cursa de fs. 61 a 62 señalado que: i) Por memorial de 28 de octubre de 2022, el accionante solicitó cesación a la detención preventiva, a través de la providencia de 31 del mismo mes y año, señaló audiencia para su consideración, instalado el acto se rechazó la pretensión por no haberse acompañado prueba idónea que enerve el riesgo procesal establecido en el art. 235.2 del CPP; ii) Por Auto de 3 de noviembre, se explicó claramente cuáles son los fundamentos que construyeron el riesgo procesal y cuáles eran los elementos que se acompañaban en la audiencia para su enervación, así se hizo referencia a una declaración anticipada donde no consta que la víctima estuviere negando los hechos ocurridos, lo que motivó que no se tome en cuenta este aspecto, se acompañó un informe psicosocial al cual fue sometida la víctima, advirtiéndose contradicciones como la de negar el hecho denunciado, asumiendo un sentimiento de culpa que por la edad y su condición es manejable por persona adulta como lo es su padrastro. La conclusión arribada fue sometida a la máxima de la experiencia, siguiendo los lineamientos exigidos para dictar resoluciones con perspectiva de género, interseccionalidad y prioridad de derechos de poblaciones vulnerables, tomando como principio básico la erradicación de la violencia de género, conforme lo reconoce el objeto de la Ley 1173; iii) No vulneró el derecho a la libertad, tampoco el debido proceso en sus elementos de fundamentación y valoración de la prueba, toda vez que la resolución dictada tiene la debida carga argumentativa y está enmarcada en los criterios legales de razonabilidad, favorabilidad y equidad, realizando inclusive una ponderación de derechos; y, iv) El accionante confunde la resolución de las medidas cautelares con el conocimiento en el fondo de la causa, que se traduce en una sentencia donde efectivamente se tomará en cuenta los aspectos reclamados.
I.2.3. Intervención del Ministerio Público
Jhoel Orlando Ramos Galindo, en representación del Ministerio Público en audiencia señaló: Al ser la víctima una menor de edad, no se advierte el acto lesivo, estando el accionante en la obligación de identificar el mismo, por lo que no vulneró del derecho a la libertad.
I.2.4. Resolución
El Juez de Sentencia contra la Violencia hacia la Mujer Primero de la Capital del departamento de Cochabamba, constituido en Juez de garantías, mediante Resolución AL-007/2022 de 9 de diciembre, cursante de fs. 71 a 86 vta., concede la tutela solicitada contra la Vocal demandada, disponiendo anular el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022, ordenando que dentro de las veinticuatro horas emita nueva resolución; y deniega la tutela con relación a la Jueza demandada, con base en los siguientes fundamentos: a) En virtud a la subsidiariedad excepcional aplicable en la acción de libertad, la revisión de las decisiones asumidas en instancia judicial se efectúan a partir de la última resolución pronunciada, en el entendido de que tuvo la posibilidad de corregir, enmendar y anular la determinación de la autoridad de menor jerarquía, motivo por el que corresponde denegar la tutela con relación a la Jueza, sin ingresar al fondo; b) No son válidas las disquisiciones realizadas por las autoridades demandadas respecto a la revisión de la legalidad ordinaria a través de la acción de libertad, en sentido de que se encontraría supeditada al previo cumplimiento de exigencias, de acuerdo a la SCP 0898/2022-S3 de 21 de julio; c) Realizada la contrastación de los fundamentos contenidos en el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022, se evidenció que la Vocal demandada no dio cumplimiento a su deber de exponer una motivación suficiente, debido a que la jurisprudencia constitucional estableció que no es posible mantener como vigentes los riesgos determinados en ocasión de aplicar las medidas cautelares, de considerarse que todavía concurren, debe emerger de una prueba objetiva y actual, lo que en la resolución se extraña sobre los tres primeros motivos, así como referir que el proceso versa sobre violencia sexual, y no se puede esperar que se presente pruebas gráficas o documentales y por ello la declaración de la víctima se constituye en una prueba fundamental sobre los hechos, es un argumento retórico que pretende convencer a partir de un criterio aparentemente lógico, pero no precisa cuál es en concreto el fundamento objetivo que lo sustenta, y peca de subjetivo porque hace presunciones negativas que perjudican al accionante en razón a que no se precisa de manera específica, en base a qué elementos de convicción es posible concluir lo afirmado; d) Resulta incongruente sostener de un lado, que la víctima ya habría prestado su declaración anticipada y por ello, a fin de no revictimizarla, no correspondería se presente a declarar en juicio; y de otro lado, a la luz de lo señalado en el informe psicosocial y las declaraciones testificales que se presentaron, existe evidencia de que se retractó y sin embargo debe mantenerse subsistente el riesgo procesal de obstaculización con el argumento que aun el accionante podría influir negativamente en dicha menor, sin explicar de qué manera esto sería posible en ese contexto, ni la forma en que el accionante estaría realizando esa influencia negativa pese a encontrarse detenido preventivamente; e) Con relación al cuarto motivo, relativo a la omisión de valorar los documentos, se aclara, que esa tarea es de exclusiva competencia del juez de instancia, dado que la Vocal solo realiza un control de logicidad, y que está contenida en la resolución impugnada, respecto a la vulneración de las reglas de la sana critica racional constituida por la lógica, la experiencia y la psicología, no logra detectarse que se hubiera realizado de manera plena por existir la incongruencia aludida; f) No corresponde la afirmación del accionante respecto a que la prueba solo corresponde ser valorada con perspectiva de género, cuando la causa se resuelva en el fondo, debido a que el Órgano Judicial mediante los Acuerdos de Sala Plena 126/2016 de 22 de noviembre, 23/2016 de 23 de noviembre y 193/2016 de 16 de noviembre, del Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal Agroambiental y el Consejo de la Magistratura, respectivamente, aprobaron el Protocolo para Juzgar con Perspectiva de Género, y ahí se establece que la valoración de la prueba presentada durante el curso del proceso debe ser realizada considerando la condición de las personas que intervienen en el mismo, no bastando sin embargo se exprese que en aplicación de dicha herramienta la pretensión del accionante no sería posible acogerla, dado que debe señalarse de qué manera esto debe ser así; y, g) Sobre que no existió pronunciamiento de la petición de la aplicación del art. 231 bis del CPP, imponiéndose medidas menos gravosas que la detención preventiva, igualmente existe la omisión denunciada ante la Jueza a quo y la Vocal demandada, por lo que la motivación expuesta por la mencionada Vocal resultaría arbitraria e insuficiente, debido a que era ciertamente deber de ambas autoridades identificar de manera clara y precisa, cómo, cuándo y dónde el imputado podría influir en la víctima y su madre para obstaculizar el proceso, si éste se encontraba detenido preventivamente desde mayo del año en curso, y no se evidencia que mantuviera contacto con aquellas dado que se demostró con certificación en la audiencia del 7 de octubre, que en el Centro Penitenciario donde cumple tal medida, no recibió la visita de la víctima Ana María Mariscal.
II. CONCLUSIONES
De la revisión y compulsa de los antecedentes, se establece lo siguiente:
II.1. Por Auto Interlocutorio de 1 de mayo de 2022 se dispuso la detención preventiva de Amilcar Cori Alanes, en el Centro Penitenciario El Abra por el plazo de cinco meses, al advertir la concurrencia de la probabilidad de autoría, así como los riesgos previstos en el art. 234.7 y 235.2 del CPP (fs. 8 y vta.).
II.2. Mediante Auto Interlocutorio de 11 de julio de 2022 se declaró mantener la probabilidad de autoría y los riesgos previstos en los arts. 234.7 y 235.2 del CPP que fue confirmado por Auto de Vista de 2 de agosto de 2022 (fs. 11 a 20 vta.).
II.3. Cursa Auto Interlocutorio de 7 de octubre de 2022 emitido ante la solicitud de cesación a la detención preventiva, que en el fondo mantiene la probabilidad de autoría, dio por desvirtuado el riesgo procesal del art. 234.7 del CPP y declaro vigente el peligro procesal del art. 235.2 del CPP, manteniendo la detención preventiva (fs. 21 a 25).
II.4. Consta acta de audiencia de cesación a la detención preventiva de 3 de noviembre de 2022 en la que se emitió el Auto Interlocutorio de la misma fecha, en el fondo dispuso la improcedencia de la solicitud; a continuación, se evidencia que la defensa del imputado interpuso el recurso de apelación y la autoridad jurisdiccional ordeno la remisión de antecedentes ante el Tribunal de Alzada (fs. 34 a 36 vta.).
II.5. Cursa acta de audiencia virtual de apelación incidental de medida cautelar de 15 de noviembre de 2022 en la que se emitió el Auto de Vista de la misma fecha, que en el fondo declara improcedente la apelación incidental formulada por el imputado Amilcar Cori Alanes, confirmando el Auto Interlocutorio de 3 de noviembre de 2022 (fs. 37 a 40 vta.).
III. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO
El accionante alega lesión de sus derechos a la libertad y al debido proceso, en sus elementos de fundamentación, motivación y valoración de la prueba, toda vez que: a) La Vocal demandada emitió el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022 declarando improcedente el recurso de apelación con relación al riesgo procesal del art. 235.2 del CPP, basándose en meras presunciones, sin valorar la declaración anticipada de la víctima que desmiente el hecho, el informe psicosocial de 10 de octubre de 2022 y declaraciones testificales de descargo; aplicó enfoque de género que está destinado al proceso en sí mismo y no a las medidas cautelares; no aplicó el art. 231 Bis del CPP; b) Por su parte la Jueza demandada efectuó valoración defectuosa de la prueba, no aplicó el art. 231 Bis del CPP, ni lo dispuesto por el último párrafo del art. 235 del CPP referido a que este riesgo no se puede fundar en presunciones abstractas.
En consecuencia, corresponde en revisión, verificar si tales extremos son evidentes a fin de conceder o denegar la tutela solicitada; para el efecto, se analizarán los siguientes temas: 1) La fundamentación y motivación de las resoluciones y el principio de congruencia como elementos de la garantía del debido proceso; 1.1) La exigencia de fundamentación y motivación de las resoluciones judiciales que resuelven medidas cautelares: Las resoluciones de los tribunales de apelación y la interpretación del art. 398 del Código de Procedimiento Penal; 2) La protección de víctimas niñas y adolescentes en los procesos penales; 2.1) El enfoque interseccional; 2.2) El enfoque interseccional para el análisis de la violencia hacia niñas y adolescentes mujeres; 3) Sobre el peligro de obstaculización de la averiguación de la verdad en delitos relacionados a violencia contra la mujer -art. 235 del Código de Procedimiento Penal- 4) La cesación de la detención preventiva por el supuesto contemplado en el art. 239.1 del Código de Procedimiento Penal y la jurisprudencia constitucional; y, 5) Análisis del caso concreto.
III.1. La fundamentación y motivación de las resoluciones y el principio de congruencia como elementos de la garantía del debido proceso
El Tribunal Constitucional Plurinacional a través de la SCP 0014/2018-S2 de 28 de febrero, reiterada por las SSCCPP 0349/2018-S2 y 0353/2018-S2 ambas de 18 de julio -entre otras-, desarrolló el siguiente razonamiento:
El derecho a una resolución fundamentada y motivada, como elementos del debido proceso, reconocido como derecho fundamental, garantía jurisdiccional y derecho humano en las normas contenidas en los arts. 115.II y 117.I de la CPE; 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH); y, 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), fue desarrollado en la amplia jurisprudencia constitucional, siendo uno de los antecedentes, el entendimiento contenido en la SC 1369/2001-R de 19 de diciembre[1]; la cual establece como exigencia del debido proceso, que toda resolución debe exponer los hechos y el fundamento legal de la decisión, de manera que en caso de omisión, se vulnera dicho derecho. Posteriormente, en la SC 0946/2004-R de 15 de junio[2], se aclara que dicha garantía es aplicable también en procesos administrativos y disciplinarios.
Posteriormente, en el Fundamento Jurídico III.3 de la SC 0871/2010-R de 10 de agosto, se establecieron los requisitos que debe contener toda resolución jurisdiccional o administrativa, con la finalidad de garantizar el derecho a la motivación y fundamentación como elementos configurativos del debido proceso, como ser:
a) Debe determinar con claridad los hechos atribuidos a las partes procesales, b) Debe contener una exposición clara de los aspectos fácticos pertinentes, c) Debe describir de manera expresa los supuestos de hecho contenidos en la norma jurídica aplicable al caso concreto, d) Debe describir de forma individualizada todos los medios de prueba aportados por las partes procesales, e) Debe valorar de manera concreta y explícita todos y cada uno de los medios probatorios producidos, asignándoles un valor probatorio específico a cada uno de ellos de forma motivada, f) Debe determinar el nexo de causalidad entre las denuncias o pretensiones de las partes procesales, el supuesto de hecho inserto en la norma aplicable, la valoración de las pruebas aportadas y la sanción o consecuencia jurídica emergente de la determinación del nexo de causalidad antes señalado.
En cuanto a los requisitos que debe contener una resolución administrativa en segunda instancia, la SCP 0275/2012 de 4 de junio[3], precisó que dicho fallo debe exponer los hechos y citar las normas que sustentan la decisión, además de pronunciarse sobre todos y cada uno de los aspectos impugnados en el recurso.
Por su parte, la SC 0802/2007-R de 2 de octubre[4], se refirió a la fundamentación como sustento de una resolución disciplinaria; empero, es la SCP 2221/2012 de 8 de noviembre[5], la que desarrolla el contenido esencial del derecho a una resolución fundamentada, señalando que el mismo está dado por sus finalidades implícitas, como son: 1) El sometimiento a la Constitución Política del Estado y al bloque de constitucionalidad; 2) Lograr el convencimiento de las partes que la resolución no es arbitraria; es decir, que observa el valor justicia, los principios de interdicción de la arbitrariedad, de razonabilidad y de congruencia; 3) Garantizar la posibilidad del control de la resolución por medio de los recursos; 4) Permitir el control social de la resolución en mérito al principio de publicidad; y, 5) La observancia del principio dispositivo, que implica la otorgación de respuestas a las pretensiones de las partes -quinta finalidad complementada por la SCP 0100/2013 de 17 de enero-[6].
Respecto a la segunda finalidad, tanto la SCP 2221/2012 como la SCP 0100/2013, señalan que la arbitrariedad puede estar expresada en una decisión: i) Sin motivación, cuando la resolución no da razones que la sustenten; ii) Con motivación arbitraria, cuando se basa en fundamentos y consideraciones meramente retóricas o deviene de la valoración arbitraria, irrazonable de la prueba, o en su caso, de la omisión en la valoración de la prueba aportada en el proceso; iii) Con motivación insuficiente, cuando no se da razones de la omisión de pronunciamiento sobre los planteamientos de las partes; y, iv) Por la falta de coherencia del fallo, se da: iv.a) En su dimensión interna, cuando no existe relación entre las premisas -normativa y fáctica- y la conclusión -por tanto-; y, iv.b) En su dimensión externa, implica que la resolución debe guardar correspondencia con lo pedido o impugnado por las partes. Ambos entendimientos, sobre la coherencia interna y externa, tienen su antecedente en la SC 0863/2003-R de 25 de junio[7], así como en la SC 0358/2010-R de 22 de junio[8], estableciendo que en el ámbito procesal, el principio de congruencia se entiende no solo como la correspondencia que debe existir entre lo peticionado y lo resuelto, sino que además implica la concordancia del fallo; es decir, su coherencia interna, entendimiento que fue reiterado en la SCP 1915/2012 de 12 de octubre[9], entre otras. Por su parte, respecto a la congruencia de las resoluciones de segunda instancia, la SC 0682/2004-R de 6 de mayo[10], señaló que el pronunciamiento debe guardar correspondencia con los agravios de la apelación y la contestación de alzada.
La jurisprudencia contenida en la SCP 2221/2012 como en la SCP 0100/2013 citadas anteriormente fue modulada por la SCP 0014/2018-S2 de 28 de febrero; la cual, entendió que únicamente es posible conceder la tutela y disponer la nulidad de la resolución judicial o administrativa, ordenando se emita otra nueva, ante la denuncia de arbitraria o insuficiente fundamentación, previo análisis de la incidencia de dicho acto supuestamente ilegal en la resolución que se está cuestionando a través de la acción de amparo constitucional; es decir, previo análisis de su relevancia constitucional; por cuanto, si no tiene efecto modificatorio en el fondo de la decisión, la tutela concedida por este Tribunal, únicamente tendría como efecto el que se pronuncie una nueva resolución con el mismo resultado; en ese sentido, en el Fundamento Jurídico III.1, estableció que:
Ahora bien, la jurisprudencia precedentemente citada debe ser complementada a partir de la relevancia constitucional que tenga la alegada arbitraria o insuficiente fundamentación y motivación de las resoluciones, es decir, que deberá analizarse la incidencia de dicho acto supuestamente ilegal en la resolución que se está cuestionando a través de la acción de amparo constitucional; pues, si no tiene efecto modificatorio en el fondo de la decisión, la tutela concedida por este Tribunal únicamente tendría como efecto el que se pronuncie una nueva resolución con el mismo resultado; consiguientemente, a partir de una interpretación previsora, si bien la arbitraria o insuficiente fundamentación, aún carezca de relevancia, deberá ser analizada por el Tribunal Constitucional Plurinacional; empero, corresponderá denegar la tutela por carecer de relevancia constitucional, con la aclaración que este entendimiento es únicamente aplicable a la justicia constitucional que no exigirá para efectuar el análisis, que la o el accionante cumpla con carga argumentativa alguna.
En resumen, de acuerdo a la jurisprudencia constitucional glosada, una resolución será arbitraria cuando carezca de motivación o cuando ésta sea arbitraria o insuficiente; asimismo, cuando la resolución no tenga coherencia o congruencia interna o externa, cuya tutela por vía de amparo procederá siempre y cuando tenga relevancia constitucional.
III.1.1. La exigencia de fundamentación y motivación de las resoluciones judiciales que resuelven medidas cautelares: Las resoluciones de los tribunales de apelación y la interpretación del art. 398 del Código de Procedimiento Penal
El Tribunal Constitucional Plurinacional a través de la SCP 0447/2018-S2 de 27 de agosto, precedida por la SCP 0353/2018-S2 de 18 de julio -entre otras-, desarrolló el siguiente razonamiento:
Los estándares de fundamentación y motivación contenidos en las Sentencias Constitucionales Plurinacionales 2221/2012 y 0100/2013 -citadas anteriormente-, son aplicables a las resoluciones judiciales que resuelven medidas cautelares, conforme a las exigencias específicas en materia procesal penal y a lo dispuesto en los arts. 233.1 y 2; 234 y 235 del CPP; asimismo, la SCP 0077/2012 de 16 de abril, en una resolución judicial que resolvió una medida cautelar en apelación, interpretó el art. 398 del mismo Código.
Ahora bien, la modulación efectuada por la SCP 0014/2018-S2, que analiza previamente la relevancia constitucional, para disponer la nulidad de la resolución cuando se denuncia arbitraria o insuficiente motivación, no alcanza a las resoluciones que imponen la medida cautelar de detención preventiva, en las que sí, es exigible disponer la nulidad y realizar el reenvío ante la autoridad jurisdiccional ordenando se emita nueva resolución; por cuanto en estos casos, aun se advierta que la corrección de una decisión con fundamentación o motivación arbitraria o insuficiente, no modificará la parte resolutiva, esto es, la decisión de la detención preventiva; sin embargo, es esencial que el imputado y el juez o tribunal conozcan las razones jurídicas que sustentaron la decisión de detención preventiva respecto a las condiciones establecidas en el art. 233.1 y 2 del CPP, vinculadas a los arts. 234 y 235 del citado cuerpo legal; es decir, es esencial que conozcan cuáles fueron los elementos de convicción y supuestos que determinaron la imposición de la medida, a efectos que: a) Por una parte, el imputado pueda solicitar en el futuro su cesación, aportando nuevos elementos de convicción que demuestren que ya no concurren los motivos que la determinaron, y por tanto, solicite medidas sustitutivas o su libertad irrestricta; y, b) Por otra, el juez o tribunal analice de manera ponderada, si los nuevos elementos de convicción que aportó el imputado, demuestran que ya no concurren los motivos que determinaron la medida o la conveniencia que la misma sea sustituida por otra.
En efecto, conforme destacó la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), en el Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez Vs. Ecuador, en la Sentencia de 21 de noviembre de 2007 sobre Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas[11], la motivación de la decisión judicial que restringe la libertad personal, garantiza el derecho a la defensa, por cuanto, evita que una falta de motivación impida que el imputado conozca las razones por las cuales permanece privado de libertad, además, que le dificulta su tarea de presentar nueva evidencia o argumentos con el fin de lograr su liberación o impugnar de mejor manera una prueba de cargo determinante. Por lo que, tanto la resolución que impone la medida cautelar de detención preventiva, como la que resuelve la apelación deben tener, en palabras de la Corte IDH, una fundamentación suficiente, que permita al privado de libertad conocer los motivos por los cuales se mantiene su restricción a este derecho[12]; y si la detención se ajusta a las condiciones necesarias para su aplicación -indicios razonables que vinculen al acusado, fines legítimos, aplicación excepcional y criterios de necesidad, razonabilidad y proporcionalidad-.
En el marco de lo anotado, el art. 236 del CPP, exige que la resolución que disponga la detención preventiva, se encuentre debidamente motivada sobre los presupuestos que dieron lugar a su determinación.
Por su parte, el Tribunal Constitucional en la SC 0012/2006-R de 4 de enero, en el Fundamento Jurídico III.1.7, explicó la necesidad constitucional de motivar las resoluciones que disponen la detención preventiva, así como las que rechazan el pedido de su imposición, las que la modifican, sustituyen o revocan, al señalar lo siguiente:
La motivación de los fallos judiciales está vinculada al derecho al debido proceso y a la tutela jurisdiccional eficaz, consagrados en el art. 16.IV Constitucional, y se manifiesta como el derecho que tienen las partes de conocer las razones en que se funda la decisión del órgano jurisdiccional, de tal manera que sea posible a través de su análisis, constatar si la misma está fundada en derecho o por el contrario es fruto de una decisión arbitraria; sin embargo, ello no supone que las decisiones jurisdiccionales tengan que ser exhaustivas y ampulosas o regidas por una particular estructura; pues se tendrá por satisfecho este requisito aun cuando de manera breve, pero concisa y razonable, permita conocer de forma indubitable las razones que llevaron al Juez a tomar la decisión; de tal modo que las partes sepan las razones en que se fundamentó la resolución; y así, dada esa comprensión, puedan también ser revisados esos fundamentos a través de los medios impugnativos establecidos en el ordenamiento; resulta claro que la fundamentación es exigible tanto para la imposición de la detención preventiva como para rechazarla, modificarla, sustituirla o revocarla.
Más tarde, la SC 0089/2010-R de 4 de mayo, en el Fundamento Jurídico III.4, sobre la motivación de las resoluciones judiciales, estableció que éstas deben expresar las razones de hecho y derecho en las cuales basa su convicción y el valor que otorga a los medios de prueba que presenten las partes, aclarando que esa fundamentación no puede ser reemplazada por la simple relación de los documentos o la mención de los requerimientos de las partes, señalando que:
…la autoridad judicial competente, para adoptar la decisión de aplicar la detención preventiva, de una parte, está obligado a verificar y determinar la concurrencia de los requisitos mencionados por el art. 233 CPP, para lo que deberá contrastar la solicitud fundamentada del Ministerio Público con los elementos de prueba presentados sobre la concurrencia de los requisitos, en el marco de las normas previstas por los arts. 234 y 235 CPP; de otra parte, deberá fundamentar en derecho la decisión de aplicar la medida cautelar de carácter personal, pues tomando en cuenta que uno de los principios fundamentales inherentes al Estado Democrático de Derecho es la motivación de las decisiones de las autoridades públicas, el juez está obligado a expresar los motivos de hecho y de derecho en que se basa su convicción determinativa de la concurrencia de los requisitos, así como el valor otorgado a los medios de prueba, esa fundamentación no puede ser reemplazada por la simple relación de los documentos o la mención de los requerimientos de las partes; de modo que está obligado a expresar los presupuestos jurídicos que motivan la medida, con cita de las normas legales aplicables y la descripción clara y objetiva de los elementos de convicción concurrentes.
Por otra parte, el deber de motivación de las resoluciones judiciales también ataña a los tribunales de apelación, sobre el particular la jurisprudencia constitucional recalcó la importancia de que los tribunales de segunda instancia fundamenten sus decisiones, debido a que en los hechos, hacen una revisión de la resolución del inferior, teniendo especial importancia la del tribunal de apelación, que revisa una decisión que impuso una medida cautelar, que la revoca, la modifica, la sustituye u ordena la cesación de una detención preventiva, por su vinculación con los derechos a la libertad y la presunción de inocencia.
Al respecto, la SC 0782/2005-R de 13 de julio, reiterada, entre otras, por la SCP 0166/2013 de 19 de febrero, en el Fundamento Jurídico III.2, establece que:
…la exigencia de pronunciar una resolución motivada en la que se establezca la concurrencia de los requisitos de validez para determinar la detención preventiva, entendiendo por motivo fundado a aquél conjunto articulado de hechos que permiten inferir de manera objetiva que la persona imputada es probablemente autora de una infracción o partícipe de la misma y que existe riesgo de fuga y/u obstaculización de la averiguación de la verdad no sólo alcanza al juez cautelar, sino también al tribunal que conozca en apelación la resolución que disponga, modifique o rechace las medidas cautelares, toda vez que si bien de conformidad con el art. 251 del CPP, las medidas cautelares dispuestas por el juez cautelar, pueden ser apeladas y, por lo mismo, modificadas, ello no significa que el tribunal de apelación cuando determine disponer la detención preventiva, esté exento de pronunciar una resolución lo suficientemente motivada, en la que se exprese la concurrencia de los dos requisitos que la ley impone para la procedencia de esa medida cautelar.
Consecuentemente, el Tribunal de apelación, está obligado a motivar y fundamentar su Resolución, precisando los elementos de convicción que le permiten concluir en la necesidad de revocar las medidas sustitutivas y aplicar la detención preventiva; a cuyo efecto debe también justificar la concurrencia de los presupuestos jurídicos exigidos por el art. 233 del CPP y una o varias de las circunstancias establecidas por los arts. 234 y 235 del CPP, mediante una resolución debidamente fundamentada, conforme exige el art. 236 del CPP, puesto que sólo cuando se han fundamentado debidamente estas dos situaciones, se puede disponer la detención preventiva.
Recogiendo dichos entendimientos, la SCP 0077/2012 de 16 de abril[13] señala que el art. 398 del CPP establece que los tribunales de alzada deben circunscribirse a los aspectos cuestionados de la resolución; lo que no implica, que estos se encuentren eximidos de la obligación de motivar y fundamentar la resolución, por la cual, deciden imponer la medida cautelar de detención preventiva, revocarla, sustituirla o disponer la cesación; quedando igualmente obligados a expresar la concurrencia de los presupuestos que la normativa legal prevé.
En tal sentido, el tribunal de alzada al momento de conocer y resolver recursos de apelación de la resolución que disponga, modifique o rechace medidas cautelares o determine la cesación o rechace ese pedido, deberá precisar las razones y elementos de convicción que sustentan su decisión; expresando de manera motivada la concurrencia de los presupuestos jurídicos exigidos, no pudiendo ser justificada su omisión por los límites establecidos en el art. 398 del CPP.
Cuando se trata de la protección del derecho a la libertad personal por medio del recurso de apelación de la medida cautelar, el análisis del tribunal de alzada, no puede reducirse a una mera formalidad, sino, debe examinar las razones invocadas por el recurrente y manifestarse expresamente sobre cada una de ellas, de acuerdo a los parámetros establecidos en el punto anterior, debiendo expresar fundadamente los motivos por los que considera que efectivamente se dan los riesgos procesales previstos por el art. 233 del CPP.
En todo caso, el tribunal de apelación debe realizar una revisión integral del fallo del juez que impuso la medida cautelar, considerando los motivos de agravio que fundamenta el recurso de apelación, los argumentos de contrario, analizar y valorar fundadamente las pruebas que se traen a su consideración, para finalmente en su determinación, expresar las circunstancias concretas de la causa que le permiten presumir razonadamente la existencia de los riesgos procesales que justifican que se mantenga la detención preventiva; no siendo posible un rechazo sistemático de la solicitud de revisión, limitándose a invocar, por ejemplo, presunciones legales relativas al riesgo de fuga.
El tribunal de apelación no puede limitarse a invocar presunciones legales relativas a los riesgos procesales o normas, que de una forma u otra, establecen la obligatoriedad del mantenimiento de la medida. Si a través del fundamento de la resolución, no se demuestra que la detención preventiva de la persona es necesaria y razonable, para el cumplimiento de sus fines legítimos, la misma deviene en arbitraria.
En virtud a lo señalado, la fundamentación y motivación no exige que las resoluciones sean ampulosas, sino que contengan una explicación razonable de los motivos que llevaron a la autoridad judicial a decidir sobre la aplicación de una medida cautelar, en especial la detención preventiva; lo que implica que, se deberá razonar sobre el cumplimiento de los requisitos formales y materiales de legalidad, así como de los principios de proporcionalidad y razonabilidad, siempre que corresponda; aclarándose que, respecto a la proporcionalidad, cuando se analice la necesidad de la medida, no es menester que la autoridad judicial exponga las razones por las cuales se desestima cada una de las medidas sustitutivas previstas en el Código de Procedimiento Penal, sino que explique, por qué resulta indispensable su aplicación en mérito a los riesgos procesales existentes, a partir de la argumentación realizada por el Ministerio Público o la parte acusadora.
III.2. La protección de víctimas niñas y adolescentes en los procesos penales
El Tribunal Constitucional Plurinacional mediante la SCP 0394/2018-S2 de 3 de agosto reiterada por la SCP 0001/2019-S2 de 15 de enero, asumió el siguiente razonamiento:
III.2.1. El enfoque interseccional
El enfoque interseccional se constituye en una herramienta útil para analizar la vulneración de los derechos, en especial de la igualdad, cuando se presentan múltiples factores de discriminación que se entrecruzan y que influyen en el ejercicio y goce de los derechos de las personas. A partir de ello, es posible tener una mirada plural de la discriminación y violencia hacia diversas categorías biológicas, sociales y culturales, como el sexo, el género, la clase, la discapacidad, la orientación sexual, la religión, la edad, la nacionalidad y otros ejes de identidad que se interaccionan en múltiples, y a menudo, en simultáneos niveles de discriminación y violencia, comprendiendo las desigualdades y necesidades de esta población en los casos concretos, las cuales pueden estar atravesadas por diversas identidades u otros factores, que las coloquen en situaciones mayores de subordinación, violencia o discriminación.
El enfoque interseccional, se está incorporando de manera gradual, permitiendo superar un análisis unidimensional, para introducir una interpretación múltiple de la discriminación y las interacciones entre los factores o categorías de discriminación, que se está materializando a través de informes de las instancias de seguimiento y aplicación de las recomendaciones de los instrumentos[14] tanto en el Sistema de Protección de Derechos Humanos de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), como en los Sistemas Regionales.
Este enfoque, permite analizar la discriminación y violencia hacia las mujeres, comprendiendo sus desigualdades y necesidades en casos concretos, como lo exige, además, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belém Do Pará), en cuyo art. 9 establece como criterio interpretativo sobre las obligaciones internacionales de los Estados[15], que éstos tendrán especialmente en cuenta, la situación de vulnerabilidad a la violencia que pueda sufrir la mujer, en razón, entre otras, de su raza o de su condición étnica, de migrante, refugiada o desplazada, así, como embarazada, discapacitada, menor de edad, anciana o que se encuentre en situación socioeconómica desfavorable o afectada por situaciones de conflictos armados o de privación de su libertad.
Tanto la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), utilizaron el enfoque interseccional, cuando se presentaron varios factores de discriminación. Así, la referida Corte IDH, en el Caso del Penal Miguel Castro Castro Vs. Perú, a través de la Sentencia de 25 de noviembre de 2006, sobre Fondo, Reparaciones y Costas, en el párrafo 259 inc. i), hizo referencia a la violencia sexual contra las mujeres que se encuentran bajo la custodia del Estado, señalando que: “…Las mujeres han sido víctimas de una historia de discriminación y exclusión por su sexo, que las ha hecho más vulnerables a ser abusadas cuando se ejercen actos violentos contra grupos determinados por distintos motivos, como los privados de libertad...”.
La misma Sentencia en el párrafo 292, también se refirió a las mujeres embarazadas que se encontraban en prisión, indicando que: “…Las mujeres embarazadas que vivieron el ataque experimentaron un sufrimiento psicológico adicional, ya que además de haber visto lesionada su propia integridad física, padecieron sentimientos de angustia, desesperación y miedo por el peligro que corría la vida de sus hijos…”. Asimismo, hizo referencia a las madres internas, indicando en el párrafo 330, que:
La incomunicación severa tuvo efectos particulares en las internas madres. Diversos órganos internacionales han enfatizado la obligación de los Estados de tomar en consideración la atención especial que deben recibir las mujeres por razones de maternidad, lo cual implica, entre otras medidas, asegurar que se lleven a cabo visitas apropiadas entre madre e hijo. La imposibilidad de comunicarse con sus hijos ocasionó un sufrimiento psicológico adicional a las internas madres.
Por otra parte la Corte IDH, en el Caso Gónzalez y Otras (“Campo Algodonero”) vs. México, a través de la Sentencia de 16 de noviembre de 2009 sobre Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, en los párrafos 408 y 409, además de analizar la relación de la violencia de género con las relaciones sociales, culturales y económicas de discriminación, para caracterizar a las víctimas, también lo hizo respecto a las discriminaciones de género, pobreza y edad, al hacer referencia a los derechos de las víctimas menores de edad, indicando:
408. (…) el Estado debe prestar especial atención a las necesidades y los derechos de las presuntas víctimas en consideración a su condición de niñas, como mujeres que pertenecen a un grupo en una situación vulnerable.
409. En el presente caso, la Corte considera que el Estado tenía la obligación de adoptar todas las medidas positivas que fueran necesarias para garantizar los derechos de las niñas desaparecidas. En concreto, el Estado tenía el deber de asegurar que fueran encontradas a la mayor brevedad, una vez los familiares reportaron su ausencia, especialmente debido a que el Estado tenía conocimiento de la existencia de un contexto específico en el que niñas estaban siendo desaparecidas.
En el mismo sentido, la Corte IDH en los Casos Rosendo Cantú y Otra VS. México -Sentencia de 31 de agosto de 2010 sobre Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas- y Fernández Ortega y Otros VS. México -Sentencia de 30 de agosto de 2010 sobre Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas-, efectuó el análisis sobre la discriminación y violencia de las mujeres indígenas, estableciendo que debía garantizarse el acceso a la justicia de los miembros de las comunidades indígenas, adoptando medidas de protección que tomen en cuenta sus particularidades propias, sus características económicas y sociales, su situación de especial vulnerabilidad, su derecho consuetudinario, así como sus valores, usos y costumbres.
También cabe mencionar, el Caso Atala Riffo y Niñas Vs. Chile, en cuya Sentencia de 24 de febrero de 2012 sobre Fondo, Reparaciones y Costas, donde la Corte IDH hizo referencia a la discriminación sufrida por las mujeres con orientación sexual diversa; pues se impuso a la accionante, que en su condición de mujer atendiera y privilegiara sus deberes como madre:
139. Al respecto, el Tribunal considera que dentro de la prohibición de discriminación por orientación sexual se deben incluir, como derechos protegidos, las conductas en el ejercicio de la homosexualidad. Además, si la orientación sexual es un componente esencial de identidad de la persona, no era razonable exigir a la señora Atala que pospusiera su proyecto de vida y de familia. No se puede considerar como “reprochable o reprobable jurídicamente”, bajo ninguna circunstancia, que la señora Atala haya tomado la decisión de rehacer su vida. Además, no se encontró probado un daño que haya perjudicado a las tres niñas.
140. En consecuencia, la Corte considera que exigirle a la madre que condicionara sus opciones de vida implica utilizar una concepción “tradicional” sobre el rol social de las mujeres como madres, según la cual se espera socialmente que las mujeres lleven la responsabilidad principal en la crianza de sus hijos e hijas y que en pos de esto hubiera debido privilegiar la crianza de los niños y niñas renunciando a un aspecto esencial de su identidad. Por tanto, la Corte considera que bajo esta motivación del supuesto privilegio de los intereses personales de la señora Atala tampoco se cumplía con el objetivo de proteger el interés superior de las tres niñas.
El enfoque interseccional antes descrito, debe ser utilizado en el presente caso, considerando por una parte, que la víctima es una mujer víctima de violencia sexual; y por otra, es una adolescente. Este enfoque, permitirá comprender de mejor manera la situación de vulnerabilidad de la misma, así como identificar los criterios reforzados de protección contenidos tanto en nuestra Constitución Política del Estado como en los instrumentos internacionales sobre derechos humanos respecto a niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, conforme se desarrollará en el siguiente punto.
III.2.2. El enfoque interseccional para el análisis de la violencia hacia niñas y adolescentes mujeres
El art. 60 de la CPE, sostiene que:
Es deber del Estado, la sociedad y la familia garantizar la prioridad del interés superior de la niña, niño y adolescente, que comprende la preeminencia de sus derechos, la primacía en recibir protección y socorro en cualquier circunstancia, la prioridad en la atención de los servicios públicos y privados, y el acceso a una administración de justicia pronta, oportuna y con asistencia de personal especializado.
Conforme a dicha norma, el constituyente boliviano estableció que las niñas, niños; y, las y los adolescentes gozan de especial protección y atención de sus derechos, mediante la corresponsabilidad del Estado en todos sus niveles con la familia y la sociedad, debiendo ser atendidos con preferencia en centros de salud, en la escuela, entidades judiciales, por la Policía Boliviana, entre otros.
Por su parte, los estándares de protección existentes en el ámbito internacional, que constituyen fuente de obligación para el Estado, y que a partir de los principios contenidos en los arts. 13 y 256 de la CPE, pueden ser aplicados de manera preferente, si son más favorables a las normas contenidas en nuestra Norma Suprema. En ese sentido, existen una serie de instrumentos que tienen especial relevancia para la solución del caso y que servirán como parámetro normativo y jurisprudencial para ese propósito.
Pues bien, en el ámbito interamericano, la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes encuentra su sustento jurídico, en las disposiciones contenidas en el art. 19 de la CADH[16], que establece que los mismos, tienen derecho a las medidas de protección, que su condición de menores, requieren por parte de su familia, de la sociedad y del Estado. En similar sentido, el art. 16 del Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales -Protocolo de San Salvador-, reconoce por un lado, el derecho a medidas de protección; y por otro, incorpora explícitamente una obligación para el Estado respecto a adoptar medidas especiales de protección a fin de garantizarles la plena maduración de sus capacidades física, intelectual y moral[17]. Asimismo, el art. VII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (DADH), por su parte hace referencia a la protección y cuidado especial del que gozan los niños[18]; de igual modo, la Declaración de los Derechos del Niño[19] incorpora entre sus principios, el derecho a la protección contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación; y, el deber de ser siempre los primeros en recibir protección y socorro.
Ahora bien, un elemento importante en este acervo jurídico internacional de protección de los niños, niñas y adolescentes, representa la adopción y ratificación por parte de todos los Estados miembros de la Convención sobre los Derechos del Niño; a través de lo cual, se consolida la vigencia de sus preceptos dentro del derecho doméstico o interno de dichos Estados, cuyo ámbito personal de protección, se circunscribe a las personas menores de 18 años de edad.
La Convención sobre los Derechos del Niño, de la misma forma que los otros instrumentos de derechos humanos, orienta y limita los actos del Estado, sus instituciones y particulares, así como le impone deberes que suponen la creación de las condiciones jurídicas, institucionales, culturales y económicas, para garantizar el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos en la Convención, entre ellas, la dispuesta en su art. 39, que señala: “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para promover la recuperación física y psicológica y la reintegración social de todo niño víctima de: cualquier forma de abandono, explotación o abuso (…). Esa recuperación y reintegración se llevarán a cabo en un ambiente que fomente la salud, el respeto de sí mismo y la dignidad del niño”.
En esta misma línea, la referida Convención incorpora entre los principios básicos de la protección integral, a los de protección especial y de efectividad. El principio de protección especial consignado a lo largo de todo el articulado de la Convención, acuerda medidas especiales de protección o adicionales, reafirmando en primer lugar, la aplicación de aquellos derechos ya reconocidos a los seres humanos en general; y en segundo lugar, establece normas que atañen exclusivamente a la niñez[20], que representa una protección adicional, basadas en una atención positiva y preferencial de los niños que se encuentran en situaciones de desprotección, para restituir esta condición a parámetros normales de protección.
A su vez, a través del principio de efectividad que se halla inserto en la disposición del art. 4[21] del citado instrumento jurídico, se prescribe de manera imperativa la tarea de adoptar mecanismos de cualquier índole, tendientes a lograr la efectividad de los derechos de los niños y desarrollo de garantías, incluidas institucionales y administrativas.
Descritas las normas internas e internacionales sobre la protección de niñas, niños y adolescentes, cabe hacer referencia a las similares normas vinculadas a mujeres víctimas de violencia sexual y las específicas regulaciones conectadas a violencia contra niñas y adolescentes.
Así, el art. 15 de la CPE, señala:
I. Toda persona tiene derecho a la vida y a la integridad física, psicológica y sexual. (…)
II. Todas las personas, en particular las mujeres, tienen derecho a no sufrir violencia física, sexual o psicológica, tanto en la familia como en la sociedad.
III. El Estado adoptará las medidas necesarias para prevenir, eliminar y sancionar la violencia de género y generacional (…), tanto en el ámbito público como privado (las negrillas son nuestras).
De este modo, se puede ver que el constituyente boliviano, sobre el problema de la violencia contra la mujer, fue preciso en reconocerle un derecho específico del que deriva la obligación para el Estado, en todos sus niveles, no solo de investigar y sancionar actos de violencia contra la mujer, sino, de actuar en las distintas etapas y manifestaciones de este fenómeno, así como de ofrecer reparación y socorro a las víctimas a fin de preservar su integridad; por tanto, cualquier inacción resultaría desde el punto de vista jurídico, reprochable.
Asimismo, el Estado al ratificar un convenio internacional de derechos humanos, adquiere la obligación de respetar y proteger los derechos reconocidos en dicho instrumento. Así, la Convención Belém Do Pará de 9 de junio de 1994, ratificada por Bolivia mediante Ley 1599 de 18 de agosto de igual año, se constituye en el primer Tratado Interamericano que reconoce la violencia hacia las mujeres, como una violación de derechos humanos; en cuyo art. 7, consigna los deberes que tienen los estados, de adoptar políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, entre ellos, el de abstenerse de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer, y velar, porque las autoridades y funcionarios se comporten de acuerdo a esa obligación; es decir, actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer; adoptar medidas jurídicas para conminar al agresor a abstenerse de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer, de cualquier forma, que atente contra su integridad o propiedad; establecer procedimientos legales, justos y eficaces para aquella que fue sometida a violencia, que incluyan medidas de protección, juicio oportuno y acceso efectivo a esos procedimientos.
En tal sentido, las obligaciones consignadas en los instrumentos jurídicos de protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, que fueron anotados precedentemente, se complementan y refuerzan para aquellos Estados Partes de los mismos, con las obligaciones de la Convención Belém Do Pará, dotando de contenido a la responsabilidad estatal de aplicar políticas de prevención, sanción y eliminación de la violencia contra la mujer con perspectiva de género. Así, el art. 9 de dicha Convención establece, que los Estados tendrán especialmente en cuenta la situación de vulnerabilidad a la violencia que pueda sufrir la mujer, en razón, entre otras, por ser menor de edad o estar en situación socioeconómica desfavorable[22].
Ahora bien, entre los estándares del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos, vinculados con la violencia de género, cabe mencionar a la Recomendación 19 pronunciada por el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Comité de la CEDAW), que es una de las más relevantes en temas de violencia; afirmándose en ella, que la violencia contra la mujer es una forma de discriminación que impide gravemente que ésta goce de derechos y libertades en pie de igualdad con el hombre. La Recomendación también señala que la violencia contra la mujer conlleva responsabilidad estatal, no solamente, por actos violentos cometidos por agentes estatales, sino por particulares, cuando el Estado no implementa los mecanismos necesarios para protegerlas de este tipo de violencia; y, cuando no adopta medidas con la diligencia debida, para impedir la lesión de los derechos o para investigar y castigar los actos de violencia e indemnizar a las víctimas.
En la misma Recomendación, el Comité de la CEDAW señala que los Estados Partes, entre otras medidas, deben velar porque las leyes contra la violencia y los malos tratos en la familia, la violación, los ataques sexuales y otro tipo de violencia contra la mujer, protejan de manera adecuada a todas las mujeres, respetando su integridad y su dignidad; proporcionando protección y apoyo a las víctimas; capacitando a los funcionarios judiciales, a los agentes del orden público y a otros funcionarios públicos para que apliquen la Convención antes referida.
El mencionado Comité de la CEDAW, en la Recomendación General 33 de 3 de agosto de 2015, sobre el acceso de las mujeres a la justicia, examinó las obligaciones de los Estados Partes, para asegurar que éstas tengan acceso a dicho derecho, al advertir que existen obstáculos y restricciones que les impiden efectivizarlo en el marco de la igualdad; obstáculos que se producen en un contexto estructural de discriminación y desigualdad, debido a factores como los estereotipos de género, leyes discriminatorias, procedimientos interseccionales de discriminación, las prácticas y los requisitos en materia probatoria; limitaciones que constituyen violaciones persistentes a los derechos humanos de las mujeres.
En dicha Recomendación, se hace referencia a la justiciabilidad, estableciendo que se requiere el acceso irrestricto de la mujer a la justicia, y para ello, recomienda que se debe mejorar la sensibilidad del sistema de justicia a las cuestiones de género, empoderando a las mujeres para lograr la igualdad de jure y de facto -de derecho y hecho-; asegurando que los profesionales de los sistemas de justicia, tramiten los casos, teniendo en cuenta las cuestiones de género; y, revisando las normas sobre la carga de la prueba, para asegurar la igualdad entre las partes, en todos los campos, en aquellas relaciones de poder que priven a las mujeres a la oportunidad de un tratamiento equitativo de su caso.
El mencionado Comité de la CEDAW, también recomienda a los Estados Partes establecer y hacer cumplir recursos adecuados, efectivos, atribuidos con prontitud, holísticos y proporcionales a la gravedad del daño sufrido por las mujeres; recursos que deben incluir, según corresponda, la restitución -reintegración-, la indemnización -en forma de dinero, bienes o servicios- y la rehabilitación -atención médica, psicológica y otros servicios sociales-. Asimismo, establece recomendaciones específicas en la esfera del Derecho Penal, encomendando que los Estados ejerzan la debida diligencia para prevenir, investigar, castigar y ofrecer la reparación, por todos los delitos cometidos contra mujeres, ya sea, perpetrados por agentes estatales o no estatales; garantizando que la prescripción se ajuste a los intereses de las víctimas, tomando medidas apropiadas para crear un entorno de apoyo, que las aliente a reclamar sus derechos, denunciar delitos cometidos en su contra y participar activamente en los procesos; revisando las normas sobre pruebas y su aplicación específicamente en casos de violencia contra la mujer; y, mejorando la respuesta de la justicia penal a la violencia en el hogar.
Asimismo, la Decisión del Comité de la CEDAW, en el Caso, LC vs. Perú -octubre 2011- basado en la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer[23], resulta un importante precedente en el ámbito de protección de los derechos de las mujeres y niñas, por cuanto el Comité, además de abordar el derecho del aborto en casos de violencia sexual, reconoció la obligación de protección reforzada, que recae sobre las niñas, adolescentes y mujeres como mayores víctimas de violencia sexual[24].
El mismo Comité, en la Recomendación General 33 sobre el acceso de las mujeres a la justicia, examina las obligaciones de los Estados Partes para asegurar que las mujeres tengan acceso a la justicia, siendo una de ellas, el asegurar que las niñas cuenten con mecanismos independientes, seguros, eficaces, accesibles, tomando en cuenta su situación e interés superior.
Por su parte, el Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, a través de la Corte IDH, al tiempo de pronunciarse sobre los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes, en el Caso Veliz Franco y otros Vs. Guatemala -Sentencia de 19 de mayo de 2014 sobre Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas[25]-, sostiene en el párrafo 133, que:
…en relación con niñas, los derechos y obligaciones antedichos deben observarse en el marco del acatamiento del artículo 19 de la Convención Americana y siendo pertinente, atendiendo a lo dispuesto en la Convención Belém do Pará. El artículo 19 de la Convención establece, como se ha dicho en otras oportunidades, el derecho de “los y las niñas a (…) medidas especiales de protección que deben ser definidas según las circunstancias particulares de cada caso concreto”. El Tribunal ha indicado, asimismo, que “…la adopción de tales medidas […] corresponde tanto al Estado como a la familia, la comunidad y la sociedad a la que el niño o niña pertenece”. Además, la Corte ha reiterado que revisten especial gravedad los casos en los cuales las víctimas de violaciones a derechos humanos son niñas y niños quienes en razón de su nivel de desarrollo y vulnerabilidad, requieren protección que garantice el ejercicio de sus derechos dentro de la familia, de la sociedad y con respecto al Estado”. En ese sentido, “han de ceñirse al criterio del interés superior del niño las acciones del Estado y de la sociedad en lo que respecta a la protección de los niños y a la promoción y preservación de sus derechos”. Por otra parte, el artículo 7 de la Convención de Belem do Para, sobre el que el Tribunal es competente (…) instituye deberes estatales para “prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer que especifican y complementan las obligaciones que tiene el Estado respecto al cumplimiento de los derechos consagrados en la Convención Americana, tales como los establecidos en los artículos 4, 5 y 7.
En consecuencia, es de notar que estos instrumentos jurídicos visibilizan la vulnerabilidad a la que está expuesta la niñez, la cual se acentúa por la condición de mujer, ello exige por su importancia, mayor diligencia de parte de los actores políticos como el Estado y otros de carácter social como la familia y la sociedad, cuando se trata de proteger y asegurar el ejercicio de los derechos de las niñas y adolescentes, frente al hecho o posibilidad de vulneración de los mismos, en los que subyacen actos de violencia, con el fin de erradicarlos.
En el marco de dichas normas internacionales, el Estado Plurinacional de Bolivia promulgó el Código Niña, Niño y Adolescente, mediante Ley 548 de 17 de julio de 2014, cuyo objeto es garantizar el ejercicio pleno e integral de los derechos de la niña, niño y adolescente, implementando el Sistema Plurinacional Integral de la Niña, Niño y Adolescente (SPINNA), para garantizar la vigencia plena de sus derechos, mediante la corresponsabilidad del Estado, a través de todas sus instituciones públicas y privadas, en todos sus niveles, la familia y la sociedad. Este nuevo instrumento legal se basa en once principios; cuales son, interés superior, prioridad absoluta, igualdad y no discriminación, equidad de género, desarrollo integral, corresponsabilidad, ejercicio progresivo de derechos y especialidad.
En el Capítulo VIII del citado Código, se desarrolla el derecho a la integridad personal y la protección contra la violencia a las niñas, niños y adolescentes, priorizando el resguardo contra cualquier forma de vulneración a su integridad sexual; disponiendo se diseñen e implementen políticas de prevención y protección contra toda forma de abuso, explotación o sexualización precoz. Así, el art. 145.I, establece que: “La niña, niño y adolescente, tiene derecho a la integridad personal, que comprende su integridad física, psicológica y sexual”.
Por su parte, el art. 148.II inc. a) del Código Niña, Niño y Adolescente (CNNA), respecto a este sector poblacional, prevé el derecho de ser protegidas y protegidos contra la violencia sexual; la cual es definida como: “…toda conducta tipificada en el Código Penal que afecte la libertad e integridad sexual de una niña, niño o adolescente”. Asimismo, el art. 157 del CNNA, en el marco del derecho de acceso a la justicia, establece:
I. Las niñas, niños y adolescentes, tienen el derecho a solicitar la protección y restitución de sus derechos, con todos los medios que disponga la ley, ante cualquier persona, entidad u organismo público o privado (…)
IV. La preeminencia de los derechos de la niña, niño y adolescente, implica también, la garantía del Estado de procurar la restitución y restauración del derecho a su integridad física, psicológica y sexual. Se prohíbe toda forma de conciliación o transacción en casos de niñas, niños o adolescentes víctimas de violencia (las negrillas son incorporadas).
El art. 15 de la Ley de Protección a las Víctimas de Delitos Contra la Libertad Sexual -Ley 2033 de 29 de octubre de 1999-, indica:
La víctima de delitos contra la libertad sexual tendrá, además de los derechos y garantías reconocidas en la Constitución Política del Estado, en el Código de Procedimiento Penal y demás leyes, los siguientes derechos: (…)
10. A la seguridad, por lo que la autoridad investigadora y la jurisdiccional están obligadas a ordenar las medidas necesarias para la protección de la víctima, sus familiares, dependientes y testigos de cargo, de su domicilio y posesiones cuando se pongan en peligro por el probable responsable o sus cómplices mediante actos de intimidación o represalias;
11. A la renuncia del careo con el imputado. En caso de aceptación de la víctima este debe realizarse en presencia de su defensor (…).
En esta misma línea, se promulgó la Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia -Ley 348 de 9 de marzo de 2013- con el objeto de establecer mecanismos, medidas y políticas integrales de prevención, atención, protección y reparación a las mujeres en situación de violencia; en ella se indica, que su aplicación es preferente respecto a cualquier otra norma, debiendo ser utilizada de forma inmediata para salvaguardar la vida, las integridades física, psicológica y sexual de las mujeres en situación de violencia.
De la misma manera, la referida Ley implementó el Sistema Integral Plurinacional de Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia en Razón de Género (SIPASSE), con el fin de garantizar a las mujeres, una vida digna en el ejercicio de sus derechos; de igual forma, modificó los artículos referentes a delitos que atentan la libertad sexual, contenidos en el Código Penal.
El art. 6.1 de la citada Ley, conceptualiza la violencia como: “…cualquier acción u omisión, abierta o encubierta, que cause la muerte, sufrimiento o daño físico, sexual o psicológico a una mujer u otra persona, le genere perjuicio en su patrimonio, en su economía, en su fuente laboral o en otro ámbito cualquiera, por el sólo hecho de ser mujer”.
Por lo que, si dicha conducta omisiva o de abstención, causare sufrimiento psicológico para la mujer u otra persona, constituiría un acto de violencia, lo cual, puede darse en los distintos ámbitos en los que se desarrolla, incluidos el educativo y judicial. Dada la gravedad e intensidad de la violencia contra las mujeres, se visibiliza a la mujer como sujeto afectado en los contenidos de las tipificaciones penales, buscando así la prevención de estos delitos, sumado a que el Estado Plurinacional de Bolivia asume como prioridad, la erradicación de la violencia contra las mujeres:
ARTÍCULO 3. (PRIORIDAD NACIONAL).
I. El Estado Plurinacional de Bolivia asume como prioridad la erradicación de la violencia hacia las mujeres, por ser una de las formas más extremas de discriminación en razón de género.
La declaratoria de prioridad nacional, implica que todas las instituciones públicas deben adoptar las medidas y políticas necesarias para erradicar la violencia contra las mujeres, asignando recursos económicos y humanos suficientes, con carácter obligatorio. Asimismo, la Ley 348 que acoge el contenido de las disposiciones nacionales e internacionales, define como tareas específicas, coordinar y articular la realización de instrumentos, servicios, acciones y políticas integrales de prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres, tanto en el nivel central del Estado como en las Entidades Territoriales Autónomas (ETA). Rompiendo progresivamente las tradicionales prácticas, procedimientos y decisiones, que revelan sesgos de género que relativizaban los hechos de agresión hacia la mujer, y por ende, su vida e integridad.
En este entendido, el art. 11 de la Ley Orgánica del Ministerio Público (LOMP) -Ley 260 de 11 de julio de 2012-, establece que en los delitos cometidos contra niñas, niños y adolescentes, el Ministerio Público debe brindar una protección inmediata a los mismos.
Conforme a lo anotado, si bien internamente tenemos un adecuado desarrollo normativo; sin embargo, es evidente que las disposiciones legales, en muchos casos, requieren ser interpretadas, considerando el contexto de violencia -estructural y concreta- de la víctima, así como su situación especial de vulnerabilidad. Es, en ese marco de interpretación, que tanto las autoridades judiciales, como del Ministerio Público y la Policía Boliviana, deben tomar en cuenta el enfoque interseccional, cuando se trate de niñas o adolescentes víctimas de violencia, a efectos de actuar inmediatamente, con prioridad, adoptando las medidas de protección que sean necesarias, evitando todas aquellas acciones que se constituyan en revictimizadoras y no tomen en cuenta el interés superior de la niña o la adolescente.
En ese sentido, el enfoque interseccional permite dar concreción al principio de igualdad, comprendido desde una perspectiva material; pues analiza las situaciones que colocaron a una persona, en el caso concreto, en mayores niveles de vulnerabilidad, con la finalidad de resolver el caso aplicando medidas, cuando corresponda, que permitan reparar y transformar las situaciones de subordinación, discriminación o violencia, no solo de la víctima en concreto, sino también, de todas las personas que se encuentren en situación similar.
III.3. Sobre el peligro de obstaculización de la averiguación de la verdad en delitos relacionados a violencia contra la mujer -art. 235 del Código de Procedimiento Penal-
El Tribunal Constitucional Plurinacional a través de la SCP 0222/2020-S1 de 31 de julio, asumió el siguiente razonamiento:
Con relación al peligro de obstaculización, el art. 235 del CPP modificado por el art. 11 de la Ley 1173, dispone que: “Por peligro de obstaculización se entiende a toda circunstancia que permita sostener fundamentadamente, que el imputado con su comportamiento entorpecerá la averiguación de la verdad”; el mismo artículo, establece que para decidir acerca de la concurrencia de estas circunstancias, debe efectuarse una evaluación integral sobre ellas, entre las que se encuentran:
1. Que el imputado destruya, modifique, oculte, suprima y/o falsifique elementos de prueba;
2. Que el imputado amenace o influya negativamente sobre los partícipes, víctima, testigos o peritos, a objeto de que informen falsamente o se comporten de manera reticente;
3. Que el imputado amenace o influya negativamente en jueces, fiscales y/o en los funcionarios y empleados del sistema de administración de justicia;
4. Que el imputado induzca a otros a realizar las acciones descritas en los numerales 1, 2 y 3 del presente Artículo;
5. Cualquier otra circunstancia debidamente acreditada, que permita sostener fundadamente que el imputado, directa o indirectamente, obstaculizará la averiguación de la verdad.
La parte final del referido artículo, también señala que: “El peligro de obstaculización no se podrá fundar en meras presunciones abstractas, sino que deberá surgir de la información precisa y circunstanciada que el fiscal o querellante aporten en la audiencia y den razonabilidad suficiente de que el imputado obstaculizará la averiguación de la verdad”.
Con relación al peligro de obstaculización de la verdad, la SC 0225/2004-R de 14 de febrero[26] -reiterada entre otras por la SC 0301/2011-R de 29 de marzo y la SCP 0711/2012 de 13 de agosto- señala que, la finalización de la etapa investigativa no es un argumento jurídico ni racional que permita desvirtuar el peligro de obstaculización de la verdad; toda vez que, la verdad de los hechos, saldrá a la luz cuando el último fallo dictado dentro del proceso penal sobre la culpabilidad o no del procesado, adquiere calidad de cosa juzgada material; entendimiento que se encuentra corroborado por cada uno de los presupuestos jurídicos establecidos en el art. 235 del CPP; pues no solo hacen referencia a los fiscales, sino también, a las autoridades judiciales, a otros funcionarios y empleados del sistema de administración de justicia, que están obligados a colaborar con la averiguación de la verdad material; en consecuencia, el peligro de obstaculización de la verdad, no se reduce únicamente a la etapa preparatoria, sino, que puede generarse desde el inicio con la citación de la imputación formal hasta la ejecutoria de la sentencia emitida dentro del proceso penal; es decir, hasta su conclusión, cuando se agoten todas las circunstancias a través de los recursos pertinentes.
Considerando que las circunstancias establecidas en el art. 235 del CPP, se constituyen en un peligro de obstaculización de la averiguación de la verdad; el mismo se encuentra relacionado con la actividad investigativa del Ministerio Público, la cual, está sometida a estándares nacionales e internacionales para la protección de las víctimas de violencia sexual; y, con la materialización de dicha actividad en juicio oral, hasta la conclusión del proceso penal con una sentencia ejecutoriada; es por esta razón, que los fiscales y autoridades judiciales al momento de analizar estas circunstancias, están obligados a adoptar medidas de acción positivas, específicas y reforzadas para garantizar los derechos de las mujeres víctimas de violencia sexual, así como el deber de tomar en cuenta la condición de persona en desarrollo en caso de niñas, niños o adolescentes, tal como lo estableció la Corte IDH en el caso V.R.P., V.P.C. y otros Vs. Nicaragua[27]; en ese marco, desde una perspectiva de género y sobre la base de lo desarrollado en el contexto del Fundamento Jurídico III.3 de esta Sentencia Constitucional Plurinacional, se debe considerar lo siguiente:
1) En casos de violencia contra la mujer emerge la obligación de actuar con la debida diligencia, adoptando los mecanismos de investigación necesarios a efectos de sancionarla[28] ;
2) El deber de garantizar los derechos de una mujer víctima de violencia, adquiere especial intensidad en relación con las niñas y adolescentes; pues a la condición de mujer, la vulnerabilidad consustancial a la niñez se encuentra mayormente enmarcada y potenciada; de donde se tiene, que las niñas y adolescentes son particularmente vulnerables a la violencia; lo cual se traduce, en el deber estatal de actuar con la mayor y más estricta diligencia para proteger y asegurar el ejercicio y goce de sus derechos frente al hecho o mera posibilidad de su vulneración por actos que, en forma actual o potencial implicaren violencia por razones de género o pudieren derivar en tal violencia; surgiendo de esta forma, el deber estatal de actuar con estricta diligencia en la garantía de los derechos de las niñas y adolescentes[29];
3) El deber de la debida diligencia en la actuación del Ministerio Público, implica que las autoridades a cargo de la investigación, la lleven delante de oficio y sin dilaciones, con determinación, eficacia y de manera seria, imparcial y efectiva, brindando confianza a las víctimas de violencia, para su protección[30]; y,
4) El Estado debe reforzar las garantías de protección durante la investigación y proceso penal, cuando el caso se refiere a la violación sexual de una niña; para la cual, las obligaciones de la debida diligencia y la adopción de medidas de protección deben extremarse, además, las investigaciones y proceso penal deben ser dirigidos por el Estado con una perspectiva de género y niñez, con base en la condición de niña de la víctima y tomando en cuenta la naturaleza agravada de la violación sexual, así como los efectos que podrían causar en la misma; pues, de lo que se trata es de proteger sus derechos de forma integral, salvaguardando su posterior desarrollo, velando por su interés superior y evitando su revictimización[31];
De donde se tiene que, el Ministerio Público y las autoridades judiciales, en los casos de violencia contra la mujer deben reforzar sus garantías de protección durante la investigación y el proceso penal; lo cual implica, actuar con la debida diligencia, garantizando: el acceso a la justicia de la víctima; la protección judicial efectiva por parte de sus operadores; el resguardo de sus derechos a la vida, integridad personal y libertad personal, evitando su revictimización y manejando adecuadamente las evidencias; así como, el derecho de los familiares y de la sociedad a conocer la verdad de lo ocurrido; para lo cual, deben adoptar medidas o mecanismos necesarios para la averiguación de la verdad material; evitando un ambiente de impunidad, que facilite y promueva la repetición de los hechos de violencia en general; para lo cual, al tiempo de realizar el análisis del art. 235 del CPP, frente a un asunto relacionado con violencia contra la mujer, debe tomarse en cuenta los siguientes presupuestos:
i) En casos de violencia contra la mujer, el peligro de obstaculización debe surgir de la información precisa y circunstanciada que el Ministerio Público aporte en la audiencia; y, de razonabilidad suficiente de que el imputado obstaculizará la averiguación de la verdad; no siendo una obligación para la víctima o la parte querellante aportar estos elementos probatorios; toda vez que, es el Ministerio Público quien tiene que llevar adelante de oficio las actuaciones investigativas, pues tiene la responsabilidad de asumir la carga de la prueba en hechos de violencia hacia las mujeres, y no así, la víctima o el denunciante; y,
ii) El Ministerio Público y las autoridades judiciales, en el marco de la debida diligencia deben evitar que se presenten cualquiera de las circunstancias establecidas en el art. 235 del CPP, que puedan obstaculizar la averiguación de la verdad o la realización del proceso; para lo cual, deben considerar lo siguiente:
ii.a) Debe ser considerado como elemento objetivo y no como una mera presunción abstracta, la situación de vulnerabilidad de la mujer víctima de violencia sexual -u otro tipo- por la situación traumática que atravesó, afectando incluso su estabilidad psicológica y emocional; más aún, la minoridad de edad de la víctima, que en ambos casos, las hace más influenciables y manipulables a cualquier tipo de declaración;
ii.b) La declaración de la víctima se constituye en un elemento probatorio fundamental para considerar la concurrencia o no de los riesgos de obstaculización, en el entendido que contenga elementos que hagan prever que el imputado obstaculizará las investigaciones; tomando como ejemplo, que la víctima declare que el imputado quiso darle plata por su silencio o que la amenazó o quiso realizar otro tipo de transacción -entre otros supuestos-;
ii.c) Evitar la revictimización, tomando como ejemplo: los supuestos en los que el imputado busque a la víctima o a su familia para proponer o realizar cualquier tipo de transacción, y de esta forma, logre algún contacto que la revictimice, y al mismo tiempo, pueda influir en los mismos, generando incertidumbre, inseguridad o temor en ellos;
ii.d) Si bien, el Ministerio Público debe fundar la existencia de estos riesgos procesales a través de elementos probatorios precisos y circunstanciados que otorguen razonabilidad suficiente de que el imputado obstaculizará la averiguación de la verdad; sin embargo, al tiempo de justificarlos no siempre resulta clara su argumentación, ante lo cual, tomando en cuenta la protección reforzada que goza la víctima de violencia, sobre la base del estándar de la debida diligencia, la autoridad judicial puede reforzar dicha argumentación en base a los antecedentes cursantes en el expediente; lo que de ninguna manera, puede ser considerado como una reforma en perjuicio;
ii.e) Existen elementos objetivos y necesarios que deben ser analizados por las autoridades judiciales, a pesar que el Ministerio Público no los hubiera expuesto, para sostener la existencia de estos riesgos procesales, que de ninguna manera se consideran en presunciones abstractas, sino, tan objetivas, que la autoridad judicial pudo percatarse, a efectos de evitar la obstaculización de la investigación, como por ejemplo: el entorno social, la minoridad de edad, el grado de instrucción de la víctima y familiares, su situación económica, los copartícipes en el hecho, el lugar de los hechos, la forma en la que se encontró a la víctima, los nexos que vinculaban al agresor con la víctima, que el agresor resultó ser familiar, amistad o vecino de la misma y otros elementos que resultan necesarios para el administrador de justicia, para establecer la existencia de peligro de obstaculización en la averiguación de la verdad; así como también, la existencia de actividades investigativas pendientes; y,
ii.f) Los administradores de justicia deben valorar de manera integral todos los elementos de convicción presentados, no debiendo limitarse a considerar que cada riesgo procesal tenga un determinado elemento de prueba; toda vez que, debe considerarse que los delitos de índole sexual son delitos que en su generalidad se consuman en silencio y sin mayor prueba que la declaración de la víctima o con escasos elementos de convicción que puedan acreditar la perpetración del delito de violencia contra la mujer -más cuando se trata de una violencia sexual-, los mismos pueden ser usados de forma integral, para sustentar una o más circunstancias que constituyen un riesgo procesal, en consideración a la protección integral que debe darse a la mujer víctima de violencia.
III.4. La cesación de la detención preventiva por el supuesto contemplado en el art. 239.1 del Código de Procedimiento Penal y la jurisprudencia constitucional
El Tribunal Constitucional Plurinacional a través de la SCP 0222/2020-S1 de 31 de julio, asumió el siguiente razonamiento:
El art. 239.1 del CPP -incluso después de la reforma efectuada por la Ley de Modificaciones al Sistema Normativo Penal -Ley 007 de 18 de mayo de 2010- determina que la detención preventiva cesará: “Cuando nuevos elementos demuestren que no concurren los motivos que la fundaron o tornen conveniente que sea sustituida por otra medida”.
De acuerdo a la previsión contenida en el referido numeral 1 del art. 239 del CPP, para resolver una solicitud de cesación de la detención preventiva, amparada en esa causal, el juez o tribunal debe realizar el análisis ponderado de dos elementos: 1) ¿Cuáles fueron los elementos de convicción y supuestos que determinaron la imposición de la detención preventiva?; y, 2) ¿Los nuevos elementos de convicción que aportó el imputado, demuestran que ya no concurren los motivos que determinaron la medida o la conveniencia que la misma sea sustituida por otra?; ello, conforme lo precisó la jurisprudencia constitucional uniforme, contenida en las SSCC 0320/2004-R, 0719/2004-R, 1466/2004-R, 0807/2005-R y 0568/2007-R, entre otras.
Así, la SCP 0014/2012 de 16 de marzo, reiterando el entendimiento de la SC 0320/2004-R de 10 de marzo, en el Fundamento Jurídico III.2, señaló que:
“Cuando el juez o tribunal deba una solicitud de cesación de la detención preventiva amparada en la previsión del art. 239.1 del CPP, ésta debe ser el resultado del análisis ponderado de dos elementos: i) cuáles fueron los motivos que determinaron la imposición de la detención preventiva y ii) cuáles los nuevos elementos de convicción que aportó el imputado para demostrar que ya no concurren los motivos que la determinaron o en su caso demuestren la conveniencia de que la medida sea sustituida por otra. Quedando claro que si a través de los nuevos elementos de juicio que se presenten por el imputado se destruyen ambos o cualquiera de los motivos que fundaron la detención preventiva, el Juez o Tribunal debe realizar una valoración de estos nuevos elementos; valoración similar a la que hizo para disponer la detención preventiva a prima facie, sin que ello implique inmiscuirse en la investigación del hecho. Debiendo, en consecuencia el imputado probar conforme a la norma precedentemente señalada la existencia de nuevos elementos de juicio que demuestren que no concurren los motivos que fundaron su detención preventiva o tornen conveniente que sea sustituida por otras medidas”.
Posteriormente, la SC 1249/2005-R de 10 de octubre, complementó el criterio anterior, señalando que el análisis de los dos elementos debe ser realizado tanto por el juez cautelar como por el tribunal de alzada, además, señala que la valoración integral debe ser motivada.
Por su parte, la SCP 0012/2006-R de 4 de enero, asume los entendimientos anteriores, empero, complementa la línea jurisprudencial, señalando que las y los jueces o tribunales de alzada, en su valoración integral, no pueden basarse en una sola circunstancia si existieren varias y que, para una valoración integral, deberán considerarse también los elementos de prueba de la parte acusadora y de la víctima.
Ulteriormente, la SC 1147/2006-R de 6 de noviembre, indicó que la motivación en la valoración integral de los elementos de prueba, plasmarán los motivos de hecho y derecho que funden la determinación; es decir, que la decisión debe sustentarse en verdaderas razones jurídicas, que, además, contemplen interpretaciones favorables y lo menos gravosas posibles para el imputado, que además sustenten la necesidad de la medida en caso de ser restrictiva a la libertad física.
Añadiendo además, que la citada SCP 0014/2012, contextualizó los entendimientos asumidos por este Tribunal, que deben ser considerados al momento de resolver problemáticas vinculadas o referidas a la cesación de la detención preventiva; haciendo especial énfasis, en la obligación que tiene el tribunal de alzada al tiempo de resolver la apelación, de pronunciar una resolución motivada y con una valoración objetiva e integral de la prueba aportada por ambas partes procesales. Aclarando que la valoración integral, está referida a la obligación que tiene el juez y el tribunal de apelación de considerar de manera integral tanto los nuevos elementos de juicio aportados por el imputado, que demuestren que no concurren los motivos que fundaron la determinación de su detención preventiva o la existencia de otros que demuestren la conveniencia de sustituirla por otra medida; así como los medios de prueba aportados por la parte acusadora o víctima, que acreditan que tales motivos subsisten.
De conformidad a lo anotado, las autoridades jurisdiccionales, tanto de primera como de segunda instancia, al analizar solicitudes de cesación de la detención preventiva deben: i) Establecer y valorar los motivos que determinaron la detención preventiva; ii) Identificar los nuevos motivos introducidos por la o el imputado para solicitar la cesación de la detención preventiva; y, iii) Valorar integralmente los medios probatorios presentados por el o la imputada, la parte acusadora y/o víctima.
En ese orden, el juez de instrucción penal y el tribunal de alzada, al momento de fundamentar y motivar cuáles fueron los elementos de convicción y supuestos que determinaron la imposición de la detención preventiva, tienen el deber de verificar si se cumplieron con los supuestos que permiten imponer una detención; caso contrario, de constatar su inobservancia, deben disponer la libertad personal, o en su caso, si se dan los supuestos, imponer medidas sustitutivas. Por lo que, solo cuando la autoridad jurisdiccional llegó a tal convicción, que supone revisar su propia resolución y ratificar la medida de detención preventiva o abandonarla, puede ingresar a contrastar si los nuevos elementos de convicción que aportó el imputado, demuestran que ya no concurren los motivos que determinaron la detención preventiva o la conveniencia que ésta sea sustituida por otra, a través de una debida fundamentación y motivación.
Es decir, el deber de verificación -explicado precedentemente- tiene que ser cumplido por las autoridades judiciales ante una solicitud de cesación de la detención preventiva, tanto en primera instancia como en apelación, porque posibilita revisar la resolución que impuso la medida cautelar de detención preventiva, en el marco de lo previsto por el art. 250 del CPP, que establece que el Auto que imponga una medida cautelar o la rechace es revocable o modificable, aun de oficio. Esta revisión permitirá ratificar la resolución, únicamente, si se cumplieron la condiciones de validez exigibles a partir de la Constitución Política del Estado; análisis previo, que antecede a la contrastación que debe realizar la autoridad jurisdiccional con los nuevos elementos de convicción que aporte el imputado para demostrar que ya no concurren los motivos que determinaron su detención preventiva; labor que visibiliza un estudio diferenciado que tiene que realizar el juzgador; por cuanto, surge el deber de otorgar la cesación de la detención preventiva cuando la medida, a pesar de haber sido impuesta, cumpliendo con tales condiciones de validez, no puede ser mantenida contra el imputado, porque éste aportó nueva prueba que da cuenta que existen nuevos elementos de convicción que demuestran que no concurren los motivos que determinaron tal medida.
Conforme a lo anotado, a los criterios sobre las medidas cautelares, a los estándares para la valoración de la prueba respecto a los riesgos procesales desarrollados en los anteriores Fundamento Jurídicos de esta Sentencia Constitucional Plurinacional, así como a los supuestos para resolver una solicitud de cesación de la detención preventiva, desarrollado en el presente Fundamento Jurídico, deben ser considerados por los jueces ordinarios y la justicia constitucional, cuando se denuncian lesiones al derecho a la libertad personal o libertad física vinculados con estas medidas cautelares de carácter personal.
III.5 Análisis del caso concreto
El accionante alega lesión de los derechos a la libertad y al debido proceso en sus elementos de fundamentación, motivación y valoración de la prueba, toda vez que: a) La Vocal demandada emitió el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022 declarando improcedente el recurso de apelación con relación al riesgo procesal del art. 235.2 del CPP, basándose en meras presunciones, sin valorar la declaración anticipada de la víctima que desmiente el hecho, el informe psicosocial de 10 de octubre de 2022 y declaraciones testificales de descargo; aplicó enfoque de género que está destinado al proceso en sí mismo y no a las medidas cautelares; no aplicó el art. 231 Bis del CPP; b) Por su parte la Jueza demandada efectuó valoración defectuosa de la prueba, no aplicó el art. 231 Bis del CPP, ni lo dispuesto por el último párrafo del art. 235 del CPP referido a que este riesgo no se puede fundar en presunciones abstractas.
Previamente a analizar el fondo de la problemática planteada, es necesario referir que, en cumplimiento de las obligaciones asumidas por el Estado Plurinacional de Bolivia, en la lucha contra la violencia hacia la mujer, todas las autoridades judiciales y administrativas tienen la obligación de resolver las causas con perspectiva de género y enfoque interseccional, si corresponde, de conformidad a lo previsto por el Fundamento Jurídico III.2 del presente fallo constitucional.
En ese contexto, de la compulsa de los antecedentes contenidos en el expediente tutelar, se evidencia que dentro del proceso penal seguido por el Ministerio Público en su contra por la presunta comisión del delito de abuso sexual, por Auto Interlocutorio de 1 de mayo de 2022 se dispuso la detención preventiva de Amilcar Cori Alanes en el Centro Penitenciario El Abra, por el plazo de cinco meses al advertir la concurrencia de la probabilidad de autoría, así como los riesgos previstos en los arts. 234.7 y 235.2 del CPP (Conclusión II.1), posteriormente ante la solicitud de cesación se emitió el Auto Interlocutorio de 11 de julio de 2022, que determinó mantener la probabilidad de autoría y los riesgos previstos en los arts. 234.7 y 235.2 del CPP, que fue confirmado por Auto de Vista de 2 de agosto de 2022 (Conclusión II.2).
Al haberse solicitado nuevamente la cesación a la detención preventiva se emitió el Auto Interlocutorio de 7 de octubre de 2022, que mantiene la probabilidad de autoría, dio por desvirtuado el riesgo procesal del art. 234.7 del CPP y declaró vigente el peligro procesal del art. 235.2 del CPP, manteniendo la detención preventiva (Conclusión II.3).
Ante la nueva solicitud de cesación a la detención preventiva, en audiencia se emitió el Auto Interlocutorio de 3 de noviembre de 2022 que declaró la improcedencia de la misma, por tal motivo el imputado interpuso recurso de apelación y la autoridad jurisdiccional ordenó la remisión de antecedentes ante el Tribunal de Alzada (Conclusión II.4) que fue resuelta por Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022 determinando la improcedencia, y confirmando el Auto emitido por la Jueza a quo (Conclusión II.5).
Ahora bien, a efectos de analizar las resoluciones emitidas, corresponde considerar que conforme al Fundamento Jurídico III.4 del presente fallo constitucional ante la solicitud de cesación de la detención preventiva la autoridad judicial, debe: i) Establecer y valorar los motivos que determinaron la detención preventiva; ii) Identificar los nuevos motivos introducidos por el imputado para solicitar la cesación de la detención preventiva; y, iii) Valorar integralmente los medios probatorios presentados por el imputado, la parte acusadora y/o víctima.
En ese contexto, de la revisión del Auto Interlocutorio primigenio de 1 de mayo de 2022, respecto al riesgo procesal previsto en el art. 235.2 del CPP, el Juez de Instrucción Anticorrupción y contra la Violencia hacia la Mujer Tercero de la Capital del departamento de Cochabamba, determinó: “(…) Respecto al Núm. 2 del Art. 235 del CPP, como bien refiere la representante del Ministerio Publico, la victima ha callado varios años los episodios de agresión sexual, es decir el imputado tiene la facilidad de influir negativamente en la victima a objeto de que la misma no cuente los sucesos de agresión sexual que hubiese sufrido por el hecho de que el ahora imputado, tendría la condición de padrastro al ser el esposo de la denunciante la ciudadana Ana María Mariscal; por otra parte también se advierte que el imputado tiene la posibilidad de influir negativamente en la madre de la víctima, ya que no obstante de que en alguna oportunidad la menor ya hubiese referido los hechos de agresión sexual, la madre no ha denunciado ante las autoridades pertinentes, más aun esta Autoridad advierte de que en esta audiencia el abogado de la víctima está solicitando una medida menos gravosa a objeto de beneficiar al ahora imputado, es decir, el imputado tiene una conducta negativa en la madre de la menor. “
Posteriormente, en la audiencia de cesación de 11 de julio de 2022 este riesgo se mantiene incólume, por cuanto el certificado de buena conducta, la declaración anticipada de la víctima y el informe psicológico del imputado no desvirtuaban la construcción del peligro procesal, lo que fue ratificado por Auto de Vista de 2 de agosto de 2022.
En la audiencia de cesación de 7 de octubre de 2022, el Juez a quo respecto a este riesgo, refiere: “… en la presente audiencia con la documental referente al registro de visitas, sin duda se acredita que una visita en el recinto penal, de la madre de la víctima Ana María Mariscal, no está debidamente acreditada, no se puede señalar que materialmente le hubiese visitado, por cuanto no se encuentra consignado su nombre, en todo caso ese aspecto ha sido a razón del informe psicológico que el mismo imputado habría manifestado que tenía una relación estable con la víctima, no obstante de la existencia de este proceso penal, además de la vigencia de las medidas de protección que está vigente persistentes en el presente proceso, en todo caso la documentación que se pretende se considere en esta oportunidad; al suscrito le resulta ser insuficiente, más aun si se contrasta con el informe psicosocial de 5 de octubre de 2022, aportado por el Ministerio Publico referente a un informe de seguimiento, del detalle del mismo, se advierte que la madre de la víctima no estuviese coadyuvando con la presente investigación, no estuviese coordinando la realización del peritaje psicológico de la víctima, en todo caso aquel aspecto resulta ser jurisdiccional en el auto de aplicación de medidas cautelares que dio a entender la influencia negativa que realizaba el imputado sobre la madre de la víctima Ana María Mariscal, aspecto que al presente se mantiene vigente, es mas en esta audiencia se tiene del libro de registro de visitas acompañado del detalle de las personas que lo hubiese visitado, se tiene como personas que consignaron a Zaret Colque, Magali Valle Cucho, de quienes se acompañó las declaraciones informativa, que aseveran de que el 9 de julio hubiese tomado contacto con la victima que esta se encontraba triste porque su padrastro se encontraba detenido a razón de lo que hubiese mentido, el hecho de que el imputado estuviese teniendo contacto con el entorno familiar de la víctima y a través de ellos de alguna manera se infiere también que existiría una influencia que se denota con estas documentales, en todo caso, al presente también se advierte que dentro el presente proceso la autoridad fiscal hubiese dispuesto medidas de protección, mismas que hubiesen sido homologadas oportunamente, se habría establecido prohibiciones de que el Sr. Amilcar Cori Alanes, intimide, moleste, amenace por cualquier medio, directo o a través de terceras personas a la víctima o a su entorno familiar así como los testigos del hecho, no se tiene que exista intimidación, amenaza o coacción, pero si se puede percibir que existiese algún tipo de influencia a través de terceras personas conforme se ha podido verificar en esta actuación procesal, en todo caso lo razonado en el auto de aplicación de medidas cautelares de fecha 01 de mayo de 2022 al presente se mantiene incólume… ”
Ahora bien, el 3 de noviembre de 2022 en la nueva audiencia de cesación a la detención preventiva, la Jueza demandada respecto al riesgo previsto en el art. 235.2 del CPP, señaló: “Que para enervar este riesgo procesal acompaña, acta de declaración anticipada de la víctima menor de edad, informe de seguimiento psicosocial de fecha 10 de octubre de 2022 emitido por la Lic. Adriana Valencia, trabajadora Social de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia-SLIM dependiente del GAM de Sacaba, realizada a la menor de edad, informe complementario emitido por el Sgto. My. Virdan S. Quispe M., acta de declaración informativa policial de Ana María Mariscal de fecha 27 de julio de 2022, acta de declaración informativa policial de fecha 05 de agosto de 2022 de Zareth Colque Ceron, acta de declaración informativa policial de fecha 08 de agosto de 2022 emitida por Magaly Calle Cucho. Que efectivamente la victima ha prestado su declaración anticipada frente a la autoridad jurisdiccional conforme al acta acompañada, pero que también se acompaña un informe psicosocial donde la víctima referiría que todo lo denunciado habría sido una mentira, la cual habría dicho en un momento de rabia, de la cual se sentiría culpable por la detención de su padrastro, como también porque sus hermanitos no tienen a su padre cerca, el cual los sostenía económicamente. Es decir, que definitivamente, la víctima se encuentra en un estado emocional inestable por los sentimientos que refleja el hecho denunciado, que la documentación acompañada refuerza el hecho de la influencia a aquella por parte de su padrastro, por cuanto si bien en una primera instancia refiere a su madre los hechos de agresión sexual, por otro estos no habrían ocurrido, de donde la autoridad jurisdicción concluye que ante la inestabilidad y por la vulnerabilidad en la que se encuentra, además de la relación que aún existe entre su madre, el acusado y la víctima, es que se contextualiza en entorno para influenciar negativamente en la victima, a tal grado, de emitir discursos de acuerdo a la situación que va viviendo, evidenciándose que la víctima se encuentra en situación de culpabilidad producto de posibles hechos de agresión sexual.
De otro lado, al existir aun la relación sentimental con la madre, el padrastro tiene contacto con su esposa (madre de la víctima), por ende, existe facilidad de poder llegar a la víctima, para que declare conforme a la convivencia de aquel. Ya que precisamente por la relación sostenida es que el padrastro también influye en la denunciante Ana María Mariscal.
Por otra parte, de las atestaciones prestada por las testigos ya referidas, están de alguna manera refuerzan lo ya manifestado por el propio informe psicosocial, en sentido de que la víctima se siente culpable porque sus hermanitos no se encuentran con su padre, ya que producto de la denuncia hecha por la madre de la víctima, se encuentra con detención preventiva, por lo que es obvio que la víctima aun es influenciada inclusivo por los propios hermanitos a través del padre o la madre, quien además, en el largo tiempo transcurrido, pese a tener conocimiento de los hechos suscitados, no puso en conocimiento de las autoridades competentes.
Que dentro de las recomendaciones efectuadas por la CIDH se tiene que en delitos contra la libertad sexual, debe tomarse en cuenta el ajuste a estándares de protección normativa y jurisprudencial internacional y nacional, generada con relación al derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, específicamente de violencia sexual, que exige en delitos como los que se viene dilucidando, aplicar una perspectiva de género en sujeción a los valores, principios y derechos consagrados en la CPE, como observancia al principio de igualdad y consecuente prohibición de prácticas discriminatorias negativas contra las mujeres. Que la valoración de la prueba, en ese tipo de delitos, resulta más compleja pues es donde se manifiesta en mayor medida el sesgo de género, consecuentemente, el juez está obligado a tener una perspectiva de género, considerando la discriminación y violencia estructural hacia las mujeres. Dada la naturaleza de esta forma de violencia, no se puede esperar que dentro de un proceso penal de este tipo, se presente pruebas gráficas o documentales y por ello la declaración de la víctima se constituye en una prueba fundamental sobre los hechos. Y dicho entendimiento es coherente con lo dispuesto en el Art. 193 del CNNA sobre la base del principio de presunción de la verdad. En ese sentido la valoración de la prueba de los hechos, en asuntos de violencia sexual, las declaraciones de la víctima, se constituyen en prueba indiciaria esencial”.
De lo que se advierte, que la Jueza demandada inicialmente hace una valoración descriptiva de los elementos de convicción reclamados que fueron presentados en la audiencia de cesación, luego de manera intelectiva analiza a partir de la declaración anticipada y el informe psicosocial, donde concluye que la víctima se encuentra en una situación inestable y vulnerable en un contexto donde el entorno la influencia, se creó un sentimiento de culpabilidad en la víctima, aún existe la relación sentimental del padrastro con la madre, lo que continúa influyendo en la madre denunciante; las declaraciones testificales refuerzan que la víctima es influenciada incluso por los propios hermanitos a través del padre o la madre por lo que aplica perspectiva de género.
Consecuentemente, no se evidencia que Jueza demandada incurrió en una defectuosa valoración de las pruebas como denuncia el accionante, por el contrario, analizó cada una de ellas y en forma integral dentro del contexto que rodea al caso donde concluye la existencia de un entorno que influencia a la víctima, además que las mismas son inconducentes para desacreditar la construcción del riesgo que hasta esta audiencia se mantenía incólume, dado que no se desvirtuó la influencia que el imputado que en calidad de padrastro tiene hacia la víctima, y tampoco la influencia que tiene sobre la denunciante que resulta ser su pareja y madre de la víctima, en ese contexto, no corresponde dar por desacreditado este riesgo procesal.
Advirtiéndose, que la Jueza demandada aplicó en su cabal entendimiento el Fundamento Jurídico III.3 del presente fallo constitucional, toda vez que el riesgo previsto en el art. 235.2 del CPP tiene un mayor alcance de protección cuando se trata de delitos de violencia contra la mujer, como el que ocurre en el presente caso, no basándose en presunciones, sino en pruebas que fueron presentadas por el mismo imputado.
Si bien la Jueza no se refiere al art. 231 bis del CPP, es porque no resulta conveniente para el proceso que el imputado sea beneficiado con una medida sustitutiva menos gravosa, por cuanto -como ya se refirió- a partir de los antecedentes, todavía se advierte que existe una relación con la denunciante madre de la víctima y el imputado, lo que permite ver la influencia a la que está siendo sometida la víctima por su padrastro, y porque en el alcance del riesgo procesal del art. 235.2 del CPP, no basta con que la víctima haya prestado su declaración, pues el mismo persiste incluso hasta que la Sentencia cobre ejecutoria; por lo que corresponde denegar la tutela respecto a la Jueza demandada.
Ahora bien, con la finalidad de verificar, si el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022 cumple con la debida fundamentación y motivación y si omitió valorar la declaración anticipada de la víctima, informe psicosocial y las declaraciones testificales de descargo que alega el accionante, previamente es necesario identificar los agravios del recurso de apelación que fueron extractados del acta de audiencia, de los cuales se tiene: “Que la resolución de fecha 03 de noviembre del año 2022 emitida por la Juez A quo vulnera el derecho al debido proceso por la incorrecta fundamentación, valoración de la prueba, así como la inaplicabilidad de la duda razonable y la inaplicabilidad del principio de favorabilidad, refiere que en audiencia de fecha 03 de noviembre del año 2022, fundamento para la cesación a la detención preventiva, indicando que a la fecha existe un solo riesgo procesal y para desvirtuar el mismo acompaño una declaración anticipada de la víctima, en la que se habría indicado que ya no participara en el juicio oral, para evitar una re victimizacion posterior, así también, un informe psicológico como prueba testifical en el cual señalan que, la victima habría mentido en la declaración, puesto que lo hizo de rabia, puesto que, no le permitían ver a su padre y que estas pruebas presentadas por el apelante y fueron empleadas por la Juez A quo incorporándolas y valorándolas en contra del imputado, para agravar su situación con apreciaciones subjetivas, llegando a la conclusión de que el imputado estaría influenciando en la victima y la madre, cuando la madre nunca visito al imputado durante el tiempo que se encuentra detenido, por lo que dicha autoridad hizo una mala valoración de la prueba acompañada por el apelante. Así mismo refiere que, con dichos argumentos se debió aplicar en este caso el principio de proporcionalidad y favorabilidad ante la duda razonable en este caso del testimonio de la víctima, quien en principio acusa al imputado, pero se retracta y señala que es mentira; por lo que, considera el recurrente suficientes argumentos para solicitar que se declare procedente el recurso de apelación y se revoque el mismo”
El Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022 en el Considerando II en el acápite de Fundamentos Jurídicos, refirió a los arts. 235.2, 398 y 239 del CPP con la modificación de la Ley 1173, las SSCCPP 0077/2012 de 16 de abril y 0547/2010 de 12 de julio, 1174/2011-R de 29 de agosto; luego, en el acápite de análisis del caso en concreto, refiere: “Ahora bien, en el presente caso de acuerdo a los fundamentos expuestos por la parte recurrente el mismo refiere que existe vulneración del derecho al debido proceso en sus elementos debida fundamentación, valoración de la prueba inaplicabilidad del principio de la duda razonable y de la presunción de inocencia, alegando al respecto que, en virtud del Art. 239 num.1 del CPP solicito la cesación a la detención preventiva de su defendido, presentando nuevos elementos a efecto de desvirtuar el riesgo de obstaculización descrito en el Art. 235 núm. 2 del CPP como es el acta de declaración anticipada de la víctima. Donde se evidenciaría que la menor ya presto su declaración y se tendría que ya no va a participar en la audiencia de juicio oral para evitar la re-victimizacion, asimismo indica que presento declaraciones testificales que corroboraría la declaración anticipada de la víctima, que no obstante de ello la Juez A quo habría indicado que, dicha documentación reforzaría el referido riesgo procesal de obstaculización, es decir se había utilizado en contra del imputado, estableciendo de forma subjetiva que su defendido estaría influenciando en la mama y la víctima, más aun cuando en anteriores audiencias se ha evidenciado que la madre de la víctima nunca fue a visitar al imputado.
Por otro lado, reclama que, se le rechazo su solicitud de cesación a la detención preventiva, sin considerar que en el caso se dio la duda razonable, y al existir esta duda disminuye la probabilidad de autoría; por lo que, se vulnero el principio de proporcionalidad, cuando debido considerarse que en el caso presente concurre la conveniencia de que la medida de la detención preventiva sea sustituida por otra medida menos gravosa, ello tomando en cuenta que se fundamentó su solicitud también en base al art. 7 del CPP, empero no aplico el principio de favorabilidad, no obstante de que persistiría ese único riesgo. Al respecto, debemos siempre remitirnos a la resolución apelada de la cual con relación a este punto de agravio el Juez A quo establece el siguiente razonamiento: “ … de donde la autoridad jurisdiccional concluye que ante la inestabilidad y por la vulnerabilidad en la que se encuentra, además de la relación que aún existe entre su madre, el acusado y la víctima, es que se contextualiza en entorno para influenciar negativamente en la victima, a tal grado, de emitir discursos de acuerdo a la situación que va viviendo, evidenciándose que la víctima se encuentra en situación de culpabilidad producto de posibles hechos de agresión sexual. De otro lado, al existir aun la relación sentimental con la madre, el padrastro tiene contacto con su esposa (madre de la víctima), por ende existe facilidad de poder llegar a la víctima, para que declare conforme a la convivencia de aquel. Ya que precisamente por la relación sostenida es que el padrastro también influye en la denunciante Ana Maria Mariscal. Por otra parte, de las atestaciones prestada por las testigo ya referidas, están de alguna manera refuerzan lo ya manifestado por el propio informe psicosocial, en sentido de que la víctima se siente culpable porque sus hermanitos no se encuentran con su padre, ya que producto de la denuncia hecha por la madre de la víctima, se encuentra con detención preventiva, por lo que es obvio que la víctima aun es influenciada inclusivo por los propios hermanitos a través del padre o la madre, quien además, en el largo tiempo transcurrido, pese a tener conocimiento de los hechos suscitados, no puso en conocimiento de las autoridades competentes. Que dentro de las recomendaciones efectuadas por la CIDH se tiene que en delitos contra la libertad sexual, debe tomarse en cuenta el ajuste a estándares de protección normativa y jurisprudencial internacional y nacional, generada con relación al derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia, específicamente de violencia sexual, que exige en delitos como los que se viene dilucidando, aplicar una perspectiva de género en sujeción a los valores, principios y derechos consagrados en la CPE, como observancia al principio de igualdad y consecuente prohibición de prácticas discriminatorias negativas contera las mujeres. Que la valoración de la prueba, en ese tipo de delitos, resulta más compleja pues es donde se manifiesta en mayor medida el sesgo de género, consecuentemente, el juez está obligado a tener una perspectiva de género, considerando la discriminación y violencia estructural hacia las mujeres. Dada la naturaleza de esta forma de violencia, no se puede esperar que dentro de un proceso penal de este tipo, se presente pruebas gráficas o documentales y por ello la declaración de la víctima se constituye en una prueba fundamental sobre los hechos. Y dicho entendimiento es coherente con lo dispuesto en el Art. 193 del CNNA sobre la base del principio de presunción de la verdad. En ese sentido la valoración de la prueba de los hechos, en asuntos de violencia sexual, las declaraciones de la víctima, se constituyen en prueba indiciaria esencial” De cuyo razonamiento este Tribunal de Alzada no advierte que en el caso exista una errónea valoración de la prueba o una indebida fundamentación y motivación, o que en su caso la Juez A quo se haya apartado de las disposiciones legales, más al contrario se advierte que, la misma ha dado cumplimiento a las disposiciones de la norma adjetiva penal y la Jurisprudencia citada por este Tribunal de Alzada, al analizar si los nuevos elementos probatorios desvirtuarían la forma en la que se construyó el indicado riesgo y al describir y valorar cada uno de los elementos probatorios, de forma individual y de forma conjunta, para posteriormente valorarlas en base a la perspectiva de género, pues es evidente que con la prueba presentada por el apelante no se desvirtúa el riesgo procesal referido, por cuanto el mismo se construyó en sentido de que el imputado logro que la víctima callara varios años los episodios de agresión sexual que hubiese sufrido por parte de su padrastro, que también tiene la posibilidad de influir en la madre de la víctima, puesto que, en una oportunidad la menor le habría referido lo que pasada, empero la madre habría callado y si bien existe prueba que acreditaría que la víctima cambio su versión respecto al hecho denunciado, empero como bien lo hizo la autoridad juridicial A quo, dicha prueba debe valorarse en sujeción a la perspectiva de género conforme manda la normativa nacional e internacional; por consiguiente no tiene mérito la apelación al respecto.
Por otro lado, en cuanto al último agravio de la duda razonable en sentido de que, ante la duda en la comisión del hecho y de que existe solo un riesgo procesal, tornaría por conveniente que la medida de la detención preventiva sea sustituida por otra, se debe tomar en cuenta que no es atendible favorablemente tal solicitud en virtud de los fundamentos expuesto precedentemente (…)”.
De lo que se advierte, que el referido Auto de Vista cuestionado contiene la debida fundamentación y motivación conforme lo establecido por el Fundamento Jurídico III.1 de la presente Sentencia Constitucional Plurinacional, por cuanto inicialmente citó los arts. 235.2, 398 y 239 del CPP con la modificación de la Ley 1173, las SSCCPP 0077/2012 de 16 de abril y 0547/2010 de 12 de julio, 1174/2011-R de 29 de agosto, que son aplicables al caso, después de transcribir la conclusión arribada por el a quo, hace el control de logicidad llegando a una conclusión razonable, en sentido de que la prueba presentada por el apelante no desvirtúa el riesgo procesal que se fundó en que el imputado logró que la víctima callara durante varios años los episodios de agresión sexual que sufrió por parte de su padrastro, quien tiene la posibilidad de influir en la madre de la víctima; posteriormente, la Vocal demandada hace control de valoración de las pruebas efectuada por la Jueza a quo particularmente a la declaración de la víctima que si bien cambia su versión respecto al hecho, sin embargo, lo analiza aplicando perspectiva de género en el marco de la normativa nacional e internacional que corresponde a casos de violencia sexual considerando el contexto de los hechos que rodea a la víctima para establecer que el riesgo se mantiene latente.
La Vocal demandada de manera concisa motiva su decisión, estableciendo que la prueba presentada por el apelante no desvirtúo el riesgo procesal del art. 235.2 del CPP que se fundó en el contexto que el imputado logró que la víctima callara varios años los episodios de agresión sexual, quien tiene la posibilidad de influir en la madre de la víctima la que habría callado los hechos que le habría referido la víctima, quien si bien habría cambiado su versión del hecho, la autoridad judicial a quo valoró en sujeción a la perspectiva de género conforme manda la normativa nacional e internacional; en base a esos motivos -concluye la Vocal demandada- la apelación planteada no tiene mérito.
Si bien no se pronuncia de manera específica sobre el informe psicosocial de 10 de octubre de 2022 y las declaraciones testificales de descargo respecto a los cuales reclama el accionante, sin embargo, ninguna de ellas desvirtúan el contexto en que se fundó el riesgo procesal del art. 235.2 del CPP, más bien por el contrario, la primera evidencia es que la menor tiene sentimientos de culpa y las declaraciones extrañadas, no constituyen nuevos elementos, por cuanto ya fueron analizados en la audiencia de 7 de octubre de 2022, tal como se tiene de los argumentos transcritos supra, por lo que mal podrían volver a ser analizados.
Por otra parte, con relación a que no sería aplicable la perspectiva de género en medidas cautelares como alega el accionante; al respecto, como ya se señaló anteriormente, esta se constituye en una herramienta fundamental que permite resolver adecuadamente casos de violencia contra las mujeres, la que es aplicable a todo el proceso penal incluido las medidas cautelares, y no únicamente al momento de pronunciar la Sentencia; esta obligación es transversal a todas las etapas del proceso, porque es una obligación del Estado la de investigar, procesar y sancionar este tipo de hechos sobre violencia sexual contra las mujeres, por lo que todas las autoridades judiciales, fiscales, policiales y administrativas, se encuentran en la obligación de aplicar el enfoque de género, razón por la cual no corresponde otorgar tutela sobre este aspecto.
Para una comprensión efectiva, se debe tener presente que la Constitución Política del Estado permite la aplicación de la perspectiva de género en los trámites de medidas cautelares penales al ser un imperativo que emana de sus principios de igualdad, no discriminación y dignidad, además de los derechos fundamentales y los tratados internacionales que integran el bloque de constitucionalidad. Esta perspectiva es crucial para evitar la revictimización y discriminación, garantizando una tutela judicial efectiva al considerar las realidades y vulnerabilidades diferenciadas de mujeres y hombres, asegurando que la aplicación de la detención preventiva sea excepcional y proporcional, y promoviendo la igualdad material en el sistema de justicia. En el ámbito constitucional y penal, la perspectiva de género es una herramienta interpretativa y aplicativa indispensable que permite develar cómo las construcciones sociales de género influyen en la creación, aplicación e impacto de las normas jurídicas, especialmente en el derecho penal y respecto a los derechos fundamentales. Así, pretende identificar y corregir las desigualdades estructurales y la discriminación que pueden surgir de la operación del sistema de justicia, garantizando que la ley y sus procedimientos (como las medidas cautelares) se apliquen de manera equitativa y no discriminatoria, reconociendo las vulnerabilidades y realidades diferenciadas de hombres y mujeres para lograr la igualdad sustantiva y la plena vigencia de los derechos humanos en el marco del debido proceso, aspecto que inexcusablemente debe ser tomado en cuenta por las autoridades jurisdiccionales ad quem y a quo, con particular énfasis en el ámbito penal.
Por lo que se concluye, que la decisión adoptada por la Vocal demandada al pronunciar el Auto de Vista de 15 de noviembre de 2022, se encuentra debidamente fundamentada y motivada, en la que se aplicó adecuadamente el enfoque de género con la finalidad de otorgar una protección especial y de manera reforzada a la víctima de violencia sexual.
CORRESPONDE A LA SCP 0536/2025-S1 (viene de la pág. 45).
En consecuencia, el Juez de garantías al conceder en parte la tutela solicitada, obró de forma incorrecta.
POR TANTO
El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Primera; en virtud de la autoridad que le confieren la Constitución Política del Estado y el art. 12.7 de la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional; en revisión, resuelven: REVOCAR en parte la Resolución AL-007/2022 de 9 de diciembre, cursante de fs. 71 a 86 vta., pronunciada por el Juez de Sentencia contra la Violencia hacia la Mujer Primero de la Capital del departamento de Cochabamba; y, en consecuencia: DENEGAR la tutela solicitada por el accionante con relación a la Jueza y Vocal demandadas, conforme a los fundamentos jurídicos de la presente Sentencia Constitucional Plurinacional.
Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional Plurinacional.
Fdo. MSc. Julia Elizabeth Cornejo Gallardo
MAGISTRADA
Fdo. Dra. Amalia Laura Villca
MAGISTRADA
[1]El Cuarto Considerando, indica: “…el derecho al debido proceso, que entre su ámbito de presupuestos exige que toda Resolución sea debidamente fundamentada. Es decir, que cada autoridad que dicte una Resolución debe imprescindiblemente exponer los hechos y al margen de ello, la fundamentación legal que sustenta la parte dispositiva de la misma.
…consecuentemente cuando un Juez omite la motivación de una Resolución, no sólo suprime una parte estructural de la misma, sino también en los hechos toma una decisión arbitraria y dictatorial que vulnera de manera flagrante el citado derecho que otorga a las partes saber el porqué de la parte dispositiva de un fallo o Resolución”.
[2]El FJ III.3, refiere: “…la garantía del debido proceso no es únicamente aplicable en el ámbito judicial, sino también en el administrativo y disciplinario, cuanto tenga que determinarse una responsabilidad disciplinaria o administrativa e imponerse una sanción como ha ocurrido en el presente caso”.
[3]El FJ III.2.3, señala: “Toda autoridad administrativa que emita una resolución en segunda instancia, debe mínimamente exponer en la resolución: 1) Los hechos, citando las normas que sustentan la parte dispositiva de la resolución, efectuando la relación de causalidad entre los hechos y la norma aplicable; 2) Pronunciamiento sobre todos y cada uno de los aspectos impugnados en el recurso de alzada, actuando en mínima petita, considerando cada aspecto de manera puntual y expresa, desarrollando una valoración lógica de los puntos impugnados, efectuar lo contrario, elimina la parte fundamental de la resolución, lesionando efectivamente el debido proceso, derivando en el extremo inaceptable que los procesados no puedan conocer cuáles son las razones del fallo y cuál es la posición del tribunal de alzada en relación con los puntos impugnados.
En tanto y en cuanto, las resoluciones administrativas de segunda instancia conlleven insertas en su texto de manera expresa, las respuestas a todos los aspectos cuestionados en el recurso de impugnación, el sujeto sometido al proceso disciplinario, tendrá la plena convicción respecto a que la decisión asumida por la autoridad administrativa es a todas luces justa. Esta afirmación nos lleva a concluir que no le está permitido a la autoridad administrativa, reemplazar una adecuada y sustanciosa fundamentación por una elemental relación de antecedentes”.
[4]El FJ III.4, expresa: “Consiguientemente, aplicando los principios informadores del derecho sancionador, las resoluciones pronunciadas por el sumariante y demás autoridades competentes deberán estar fundamentadas en debida forma, expresando lo motivos de hecho y de derecho en que basan sus decisiones y el valor otorgado a los medios de prueba. Fundamentación que no podrá ser reemplazada por la simple relación de los documentos y presentación de pruebas o los criterios expuestos por las partes, y en los casos en los que existan coprocesados, resulta primordial la individualización de los hechos, las pruebas, la calificación legal de la conducta y la sanción correspondiente a cada uno de ellos en concordancia con su grado de participación o actuación en el hecho acusado”.
[5]El FJ III.1, manifiesta: “En ese marco, se tiene que el contenido esencial del derecho a una resolución fundamentada y motivada (judicial, administrativa, o cualesquier otra, expresada en una resolución en general, sentencia, auto, etc.) que resuelva un conflicto o una pretensión está dado por sus finalidades implícitas, las que contrastadas con la resolución en cuestión, dará lugar a la verificación de su respeto y eficacia. Estas son: (1) El sometimiento manifiesto a la Constitución, conformada por: 1.a) La Constitución formal; es decir, el texto escrito; y, 1.b) Los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos que forman el bloque de constitucionalidad; así como a la ley, traducido en la observancia del principio de constitucionalidad y del principio de legalidad; (2) Lograr el convencimiento de las partes que la resolución en cuestión no es arbitraria, sino por el contrario, observa: El valor justicia, los principios de interdicción de la arbitrariedad, de razonabilidad y de congruencia; (3) Garantizar la posibilidad de control de la resolución en cuestión por los tribunales superiores que conozcan los correspondientes recursos o medios de impugnación; y, (4) Permitir el control de la actividad jurisdiccional o la actividad decisoria de todo órgano o persona, sea de carácter público o privado por parte de la opinión pública, en observancia del principio de publicidad. Estos elementos se desarrollarán a continuación:
(…)
(2) Lograr el convencimiento de las partes que la resolución en cuestión no es arbitraria, sino por el contrario, observa: El valor justicia, los principios de interdicción de la arbitrariedad, de razonabilidad y de congruencia.
(…)
b) En correspondencia con lo anterior, la arbitrariedad puede estar expresada en: b.1) Una `decisión sin motivación´, o extiendo esta es b.2) Una `motivación arbitraria´; o en su caso, b.3) Una `motivación insuficiente´.
(…)
c) La arbitrariedad también se expresa en la falta de coherencia, o incongruencia de la decisión (principio de congruencia), cuando el conjunto de las premisas, -formadas por las normas jurídicas utilizadas para resolver el caso, más los enunciados fácticos que describen los hechos relevantes- no son correctas, fundadas y si, además, su estructura también no lo es. Esto, más allá si la resolución que finalmente resuelva el conflicto es estimatoria o desestimatoria a las pretensiones de las partes. Es decir, como señala Robert Alexy, se trata de ver si la decisión se sigue lógicamente de las premisas que se aducen como fundamentación”.
[6]El FJ III.2, establece: “A las cuatro finalidades implícitas que determinan el contenido esencial del derecho a una resolución fundamentada o derecho a una resolución motivada (judicial, administrativa, o cualesquier otra, expresada en una resolución en general, sentencia, auto, etc.) que resuelva un conflicto o una pretensión cuáles son: 1) El sometimiento manifiesto a la Constitución, conformada por: 1.a) la Constitución formal, es decir, el texto escrito; y, 1.b) los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos que forman el bloque de constitucionalidad; así como a la ley, traducido en la observancia del principio de constitucionalidad y del principio de legalidad; 2) Lograr el convencimiento de las partes que la resolución en cuestión no es arbitraria, sino por el contrario, observa: el valor justicia, el principio de interdicción de la arbitrariedad, el principio de razonabilidad y el principio de congruencia; 3) Garantizar la posibilidad de control de la resolución en cuestión por los tribunales superiores que conozcan los correspondientes recursos o medios de impugnación; 4) Permitir el control de la actividad jurisdiccional o la actividad decisoria de todo órgano o persona, sea de carácter público o privado por parte de la opinión pública, en observancia del principio de publicidad (SCP 2221/2012 de 8 de noviembre, se suma un quinto elemento de relevancia constitucional; y, 5) La exigencia de la observancia del principio dispositivo.
5) La observancia del principio dispositivo, implica la exigencia que tiene el juzgador de otorgar respuestas a las pretensiones planteadas por las partes para defender sus derechos”.
[7]El FJ III.3, expresa: “Que, al margen de ello, también cabe reiterar que el art. 236 CPC, marca el ámbito de contenido de la resolución a dictarse en apelación, pues estipula que la misma, deberá circunscribirse precisamente a los puntos resueltos por el inferior y que además hubieran sido objeto de apelación y fundamentación, de manera que el Juez o tribunal ad-quem, no puede ir más allá de lo pedido, salvo en los casos en que los vicios de nulidad constituyan lesiones a derechos y garantías constitucionales como cuando la nulidad esté expresamente prevista por ley”.
[8]El FJ III.3.1, señala: “De esa esencia deriva a su vez la congruencia como principio característico del debido proceso, entendida en el ámbito procesal como la estricta correspondencia que debe existir entre lo peticionado y lo resuelto, en materia penal la congruencia se refiere estrictamente a que el imputado no podrá ser condenado por un hecho distinto al atribuido en la acusación o su ampliación; ahora bien, esa definición general, no es limitativa de la congruencia que debe tener toda resolución ya sea judicial o administrativa y que implica también la concordancia entre la parte considerativa y dispositiva, pero además esa concordancia debe mantenerse en todo su contenido, efectuando un razonamiento integral y armonizado entre los distintos considerandos y razonamientos emitidos por la resolución, esta concordancia de contenido de la resolución y su estricta correspondencia entre lo pedido, lo considerado y lo resuelto, conlleva a su vez la cita de las disposiciones legales que apoyan ese razonamiento que llevó a la determinación que se asume. En base a esos criterios se considera que quien administra justicia debe emitir fallos motivados, congruentes y pertinentes”.
[9]El FJ III.2, indica: “La abundante jurisprudencia del extinto Tribunal Constitucional, ha señalado con relación al principio de congruencia -que es determinante en cualquier proceso judicial o administrativo- como la estricta correspondencia que debe existir entre lo peticionado y lo resuelto, que implica la concordancia entre la parte considerativa y dispositiva, que debe mantenerse en todo su contenido, efectuando un razonamiento integral y armonizado entre los distintos considerandos y juicios de valor emitidos por la resolución, esta concordancia de contenido de la resolución y su estricta correspondencia entre lo pedido, lo considerado y lo resuelto, conlleva a su vez la cita de las disposiciones legales que apoyan la razón que llevó a la determinación que se asume (SC 1619/2010-R de 15 de octubre). Bajo ese razonamiento, el principio de congruencia forma parte de derecho-garantía-principio del debido proceso, contemplado en el art. 115.I de la CPE”.
[10]El FJ III.1, refiere: “Además de ello, toda resolución dictada en apelación, no sólo por disposición legal sino también por principio general, debe sujetarse a los puntos de apelación expuestos por la parte apelante, que se entiende deben estar relacionados con lo discutido ante el juez a quo. Para el mismo objetivo -resolver la apelación-, también el juez ad quem, si se trataran de varias apelaciones y deba resolverlas en una sola resolución deberá individualizar a las partes, lo que supone también, la individualización de sus pretensiones y resolverlas de la misma forma; pues en el único caso que podrá dirigirse en su fundamentación a dos o más apelantes, será cuando éstos hubieran coincidido en sus argumentos al presentar su apelación, o varios hubieran presentado apelación en forma conjunta. Ahora bien, la misma obligación que tiene el juez ad quem frente a los apelantes, también debe cumplirla frente a la parte adversa, para el caso de que el procedimiento aplicable admita que la misma pueda responder al recurso, pues omitir las consideraciones a la respuesta igual que no responder a los puntos de apelación, resulta arbitrario y por lo mismo, daría lugar a una omisión indebida plasmada en la resolución que resuelve la apelación”.
[11]El párrafo 118, señala: “Por otro lado, la Corte destaca que la motivación de la decisión judicial es condición de posibilidad para garantizar el derecho de defensa. En efecto, la argumentación ofrecida por el juez debe mostrar claramente que han sido debidamente tomados en cuenta los argumentos de las partes y que el conjunto de pruebas ha sido analizado rigurosamente, más aún en ámbitos en los que se comprometen derechos tan importantes como la libertad del procesado. Ello no ocurrió en el presente caso. La falta de motivación en las decisiones de la Jueza impidió que la defensa conociera las razones por la cuales las víctimas permanecían privadas de su libertad y dificultó su tarea de presentar nueva evidencia o argumentos con el fin de lograr la liberación o impugnar de mejor manera una prueba de cargo determinante”.
[12]El párrafo 107, indica: “El Tribunal recalca que son las autoridades nacionales las encargadas de valorar la pertinencia o no del mantenimiento de las medidas cautelares que emiten conforme a su propio ordenamiento. Al realizar esta tarea, las autoridades nacionales deben ofrecer la fundamentación suficiente que permita a los interesados conocer los motivos por los cuales se mantiene la restricción de la libertad (…)”.
Del mismo modo, el párrafo 117, subraya: “De igual forma, ante cada solicitud de liberación del detenido, el juez tiene que motivar aunque sea en forma mínima las razones por las que considera que la prisión preventiva debe mantenerse (…)”.
[13]El FJ III.3, refiere: “Finalmente, cabe remitirse a lo previsto en el 236 del CPP, entre cuyos requisitos del auto de detención preventiva se encuentran: `3) La fundamentación expresa sobre los presupuestos que motivan la detención, con cita de las normas legales aplicables´.
En el marco de las normas legales citadas, aplicables al caso que se examina, se establece que el límite previsto por el art. 398 del CPP a los tribunales de alzada, de circunscribirse a los aspectos cuestionados de la resolución, no implica que los tribunales de apelación se encuentren eximidos de la obligación de motivar y fundamentar la resolución por la cual deciden imponer la medida cautelar de detención preventiva, quedando igualmente obligados a expresar la concurrencia de los dos presupuestos que la normativa legal prevé para la procedencia de la detención preventiva, en el entendido que ésta última determinación únicamente es válida cuando se han fundamentado los dos presupuestos de concurrencia, para cuya procedencia deberá existir: 1) El pedido fundamentado del fiscal o de la víctima aunque no se hubiere constituido en querellante; 2) La concurrencia de los requisitos referidos a la existencia de elementos de convicción suficientes para sostener que el imputado es, con probabilidad, autor o partícipe de un hecho punible y la existencia de elementos de convicción suficiente de que el imputado no se someterá al proceso u obstaculizará la averiguación de la verdad; circunstancias que deben ser verificadas y determinadas por el tribunal y estar imprescindiblemente expuestas en el auto que la disponga, por lo mismo, la falta de motivación por parte de los tribunales de alzada no podrá ser justificada con el argumento de haberse circunscrito a los puntos cuestionados de la resolución impugnada o que uno o varios de los presupuestos de concurrencia para la detención preventiva no fueron impugnados por la o las partes apelantes.
En tal sentido, el tribunal de alzada al momento de conocer y resolver recursos de apelación de la resolución que disponga, modifique o rechace medidas cautelares, deberá precisar las razones y elementos de convicción que sustentan su decisión de revocar las medidas sustitutivas y aplicar la detención preventiva; expresando de manera motivada la concurrencia de los presupuestos jurídicos exigidos para su procedencia, no pudiendo ser justificada su omisión por los límites establecidos en el art. 398 del CPP”.
[14]ZOTA-BERNAL, Andrea Catalina, Incorporación del análisis interseccional en las sentencias de la Corte IDH sobre grupos vulnerables, su articulación con la interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos. Eunomía. Revista en Cultura de la Legalidad Nº 9, octubre 2015 – marzo 2016, Universidad Nacional de Colombia y Universidad Autónoma de Madrid; en cuya nota de pie de la página 73, señala: “Este artículo se centra en la incorporación de la interseccionalidad en el Sistema Interamericano de protección de Derechos Humanos, no obstante en el ámbito europeo esta emergencia se ha dado en varias etapas: i) a partir del año 2000 mediante la caracterización de las mujeres como sujetos habitualmente discriminados de manera múltiple: recogido en las directivas 43 y 78 del Consejo de laUnión Europea; ii) a partir del año 2013 se analiza la situación de otros sujetos históricamente discriminados de manera múltiple: Resoluciones del Parlamento Europeo del 12 de marzo de 2013 sobre mujeres con discapacidad, del 4 de febrero de 2014 sobre homofobia y discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género y Resolución del 25 de febrero de 2014 sobre violencia de género; y iii) un enfoque más amplio de la discriminación en la Resolución del Parlamento Europeo del 26 de febrero de 2014 al abordar la prostitución y la explotación sexual, como fenómenos vinculados a criterios como el género, la exclusión social, la edad, la pobreza, la vulnerabilidad, la migración , entre otros”.
Disponible en: https://e-revistas.uc3m.es/index.php/EUNOM/article/view/2803/1534
[15]Ibídem.
[16]Convención Americana sobre Derechos Humanos, art. 19: “Todo niño tiene derecho a las medidas de protección que su condición de menor requieren por parte de su familia, de la sociedad y del Estado”. Suscrita en la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos en San José de Costa Rica, 1969. Entra en vigor el 18 de julio de 1978. A la cual Bolivia se adhiere mediante Decreto Supremo (DS) 16575 el 13 de junio de 1979, elevado a rango de Ley 1430 de 11 de febrero de 1993.
[17]Protocolo de San Salvador, art. 16: “Todo niño sea cual fuere su filiación tiene derecho a las medidas de protección que su condición de menor requieren por parte de su familia, de la sociedad y del Estado. Todo niño tiene el derecho a crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres; salvo circunstancias excepcionales, reconocidas judicialmente, el niño de corta edad no debe ser separado de su madre. Todo niño tiene derecho a la educación gratuita y obligatoria, al menos en su fase elemental, y a continuar su formación en niveles más elevados del sistema educativo.” También, art. 15 con el título “Protección de la familia”; en el cual, es muy relevante la obligación de los Estados de brindar adecuada protección al grupo familiar, así dentro del numeral 2, literal c., indica: “adoptar medidas especiales de protección de los adolescentes a fin de garantizar la plena maduración de sus capacidades física, intelectual y moral”. Suscrito en San Salvador de El Salvador, el 17 de noviembre de 1988, en el décimo octavo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Entró en vigor el 16 de noviembre de 1999. Ratificado por Bolivia mediante Ley 3293 de12 de diciembre de 2005.
[18]Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, art. VII: “Toda mujer en estado de gravidez o en época de lactancia, así como todo niño, tienen derecho a protección, cuidados y ayuda especiales”. Adoptada en la novena Conferencia Interamericana, celebrada en Bogotá, Colombia, 1948, conjuntamente con la constitución de la OEA.
[19]Declaración de los Derechos del Niño, Principio 8: “El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro”.
Principio 9: “El niño deber ser protegido contra toda forma de abandono crueldad y explotación (…)”
[20]Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-17/2002 de 28 de agosto de 2002, párrafo 54: “Tal como se señalara en las discusiones de la Convención sobre los Derechos del Niño, es importante destacar que los niños poseen los derechos que corresponden a todos los seres humanos –menores y adultos– y tienen además derechos especiales derivados de su condición, a los que corresponden deberes específicos de la familia, la sociedad y el Estado”.
Disponible en: http://www.corteidh.or.cr/docs/opiniones/seriea_17_esp.pdf
[21]Convención sobre los Derechos del Niño, art. 4: “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas administrativas, legislativas y de otra índole para dar efectividad a los derechos reconocidos en la presente Convención…”.
[22]Convención Belén Do Pará, art. 9: “Para la adopción de las medidas a que se refiere este capítulo, los Estados Partes tendrán especialmente en cuenta la situación de vulnerabilidad a la violencia que pueda sufrir la mujer en razón, entre otras, de su raza o de su condición étnica, de migrante, refugiada o desplazada. En igual sentido se considerará a la mujer que es objeto de violencia cuando está embarazada, es discapacitada, menor de edad, anciana, o está en situación socioeconómica desfavorable o afectada por situaciones de conflictos armados o de privación de su libertad”.
[23]Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, ratificada por el Estado boliviano por la Ley 1100 de 15 septiembre de 1989.
[24]Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, Caso L. C. vs. Perú, Comunicación 22/2009 de 18 de junio. Documento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) CEDAW/C/50/D/22/2009 (25 de noviembre de 2011).
[25]Disponible en: http://www.corteidh.or.cr/sitios/libros/todos/docs/ninosninas3.pdf
[26]En el FJ III.3, señala: “Respecto a que ya no se puede alegar obstaculización del proceso para negar la cesación de la detención, porque ya finalizó la investigación, este argumento no tiene sustento jurídico ni racional, puesto que lo que estipulan las normas previstas en el art. 233.2 CPP, para disponer una detención, es que se tenga demostrada `La existencia de elementos de convicción suficientes de que el imputado no se someterá al proceso u obstaculice la averiguación de la verdad´.
De las citas legales, se colige que la obstaculización prevista por el legislador, no se reduce a la etapa preparatoria, cuyo plazo es de seis meses en un principio, pues a lo que se refiere el precepto es a la obstaculización de la verdad; y éste no está comprendido únicamente por esa etapa sino que se inicia con la citación de la imputación formal y culmina con la ejecutoria de la sentencia del proceso por una parte, por otra la averiguación de la verdad; no puede establecerse según el sistema procesal actual en la investigación, sino hasta el final del proceso cuando se agoten todas las instancias mediante los recursos pertinentes, por consiguiente, la verdad saldrá a la luz cuando el último fallo dictado dentro del proceso sobre la culpabilidad o no del procesado, adquiera calidad de cosa juzgada material, razonamiento que se encuentra en su totalidad corroborado por cada uno de los presupuestos jurídicos prescritos en las normas previstas en el art. 235 citado, pues en ellas, se refiere a los jueces ciudadanos y empleados del sistema de administración de justicia.
Considerar o aseverar que la verdad se la establece en la etapa de investigación, significaría desconocer el proceso penal actual y mutilarlo, de manera que reconocer lo que entienden los recurrentes, importaría que la etapa del proceso oral ante un tribunal jurisdiccional no tendría sentido, pues directamente el Ministerio Público tendría que decidir sobre la verdad, por consiguiente, definiendo si los procesados cometieron o no el delito que se les imputó, pero esta facultad no ha sido atribuida a esta autoridad”.
[27]En la Sentencia de 8 de marzo de 2018 sobre Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Serie C No. 350. Párrafo 289.
[28]Criterio asumido del Caso González y otras (“Campo Algodonero”) Vs. México, a través de la Sentencia de 16 de noviembre de 2009, sobre Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Párrafo 287.
[29]Criterio asumido del Caso Veliz Franco y otros Vs. Guatemala; a través de la Sentencia de 19 de mayo de 2014 sobre Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Párrafos 134 y 173.
[30]Criterio asumido de los Casos J vs. Perú, a través de la Sentencia de 27 de noviembre de 2013 sobre Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas, párrafo 350; y, Veliz Franco y otros Vs. Guatemala, a través de la Sentencia de 19 de mayo de 2014 sobre Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Párrafo 185.
[31]Criterio asumido en el Caso V.R.P., V.P.C. y otros Vs. Nicaragua, a través de la Sentencia de 8 de marzo de 2018 sobre Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Párrafos 292 y 294.