QUEJA 107/2020. DIRECTOR DEL HOSPITAL GENERAL REGIONAL NÚMERO 1 DEL INSTITUTO MEXICANO DEL SEGURO SOCIAL Y OTRO. 1 DE JUNIO DE 2020. UNANIMIDAD DE VOTOS. PONENTE: JOSÉ RAYMUNDO CORNEJO OLVERA. SECRETARIO: PABLO CHÁVEZ GAMBOA.
Suprema Corte de Justicia de la Nación

QUEJA 107/2020. DIRECTOR DEL HOSPITAL GENERAL REGIONAL NÚMERO 1 DEL INSTITUTO MEXICANO DEL SEGURO SOCIAL Y OTRO. 1 DE JUNIO DE 2020. UNANIMIDAD DE VOTOS. PONENTE: JOSÉ RAYMUNDO CORNEJO OLVERA. SECRETARIO: PABLO CHÁVEZ GAMBOA.

Fecha: 16-Oct-2020

Como Resultados De La Investigación Destacan Los Siguientes

Primero, el nivel de gasto público en salud está por debajo de las recomendaciones internacionales y de las estimaciones con bases epidemiológicas y demográficas. Además, la baja prioridad presupuestaria al sector salud se refleja en el bajo porcentaje del PIB que se destina a este rubro, que durante diez años no logró superar la banda de 2.5% a 2.9% y, actualmente, tiene una tendencia decreciente.

Segundo, la ausencia de una formulación presupuestaria basada en la población que se espera atender. Si bien la población afiliada a los diferentes subsistemas de salud se ha incrementado año con año, el presupuesto no ha aumentado al mismo ritmo, incluso en algunos subsistemas se ha reducido. Esto ha conducido a un gasto per cápita en contracción, lo que genera que haya menos recursos disponibles, en teoría, para cada persona beneficiaria.

Tercero, la constante desigualdad de recursos que causa diferencias en los servicios de salud a los que tiene acceso cada persona, dependiendo de la institución a la que esté vinculada. Por ejemplo, una persona adscrita al programa IMSS Bienestar tiene diez veces menos recursos de los que tiene una persona con acceso a los servicios médicos de Pemex y cuatro veces menos de los que tiene un derechohabiente del IMSS.

Aumentar el acceso efectivo y disminuir las desigualdades entre los diferentes subsistemas de salud requiere de un mejor ejercicio del gasto, pero también, necesariamente, de un incremento en la prioridad presupuestaria que se les da a los subsistemas que se encargan específicamente de atender a la población más vulnerable.

El presupuesto destinado a los subsistemas de salud que atenderían a la población sin seguridad social no está alineado en términos presupuestarios con la reciente iniciativa de creación del INSABI. En el PPEF 2020 no se proponen recursos adicionales que cubran el impacto presupuestario de esta iniciativa.

Enrique Provencio y Salomón Chertorivski(11) exponen que, a grandes rasgos, la tendencia del gasto público en salud de los últimos treinta años ha tenido tres etapas. En la primera, durante los años noventa y hasta dos mil cinco, el gasto público promedió un 2.5% del producto interno bruto (PIB) y, como parte de ese presupuesto, el de la Secretaría de Salud se movió alrededor de 0.3% del PIB. Hubo fluctuaciones, por supuesto, la más importante fue la intensa caída en la crisis de mil novecientos noventa y cinco, con efectos diferidos hasta mil novecientos noventa y seis. Toca hacer notar, sin embargo, que en dicha crisis el gasto de la Secretaría de Salud se mantuvo, al menos en proporción del PIB, lo mismo ocurrió en la recesión de 2001-2002.

Un segundo periodo, señala, ocurrió entre 2006 y 2015, cuyo sello definitorio fue un fortalecimiento progresivo del gasto en salud, no sólo en la secretaría, sino también en las otras instituciones involucradas y en las erogaciones de las entidades federativas. Como se puede ver en el cuadro 1, en proporción al producto, el gasto total en salud pasó de 5.2 a 5.8 puntos porcentuales, y el de la Secretaría de Salud se duplicó según el mismo indicador. De hecho, la mejora del gasto público, en su conjunto, se debió fundamentalmente al creciente apoyo a la secretaría, que en esos años reorientó sus erogaciones hacia la población sin seguridad social a través del Seguro Popular. Entre 2006 y 2015 el ramo administrativo destinado al sector salud creció en promedio anual más de 12% a precios constantes, y hubo años, como 2007 y 2008, en los que el aumento superó el 20%, ya descontada la inflación.

Considera que el tercer periodo de las tendencias de largo plazo del gasto público en salud inició hace apenas unos años, junto con la estrategia de consolidación fiscal que se puso en práctica a partir de dos mil quince, aunque con repercusiones distintas en las diferentes instituciones y programas. El cambio puede notarse en los tres indicadores incluidos en el cuadro, pero sobre todo en el impacto en el gasto por persona (ver cuadro 1). En valores reales, de hecho, para salud, el declive ya había iniciado en dos mil catorce.

Al respecto, la doctora Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hizo un llamado a los países para que "apoyen sus economías mientras crean redes de protección social sólidas y adoptan medidas de salud pública basadas en evidencia, que son esenciales para salvar vidas".(12)