DECLARACIÓN CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0025/2016
Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia

DECLARACIÓN CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0025/2016

Fecha: 05-Abr-2016

I.2.1. Cosmovisión e idioma

La cosmovisión en la nación aymara, esta ordenada en tres dimensiones: relaciones sociales, lugares sagrados y naturaleza; que establecen su mundo temporal y espacial, sirviendo de base para las estructuras de las comunidades. Su organización política social se basa en cargos o jerarquías, establecidos  según sus usos y costumbres (normas y procedimientos propios), así como las derivadas del catolicismo.

El tiempo está definido por el ritmo del medio natural, concebido como una unidad de las fuerzas opuestas y complementarias. El ciclo vital de la Pachamama, determina el calendario aymara, las fases de dos ciclos económicos interdependientes; por una parte, la ganadería; y por otra, la agricultura, de acuerdo a este calendario, las actividades culturales, sociales y religiosas se concentran en verano en las zonas más altas (cerros), dedicadas al pastoreo, y en invierno en la zona agrícola, (planicie). Generalmente los ganaderos bajan a celebrar a los sembradíos, donde interactúan de forma recíproca, visitando los templos más altos (deidades), los cuales tienen un grado mayor de jerarquía, que representan a las entidades divinas.

A este tipo de celebraciones y actos culturales, el aymara llama "cosmovisión", reservando el término "religioso", para las celebraciones católicas, en honor a los santos patronos de cada pueblo, hoy en día la religiosidad aymara es por esencia sincrética desde la llegada de los españoles, sin que puedan realmente separarse los elementos autóctonos de los católicos. Las costumbres son aquellas prácticas ceremoniales y rituales que devienen de sus antepasados.

En las comunidades de la Sub Central Corapata, al parecer su cosmovisión se habría fragmentado con la llegada de los españoles, donde por desconocimiento de la vivencia de las Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos (NPIOC), hicieron desaparecer lugares sagrados (pukaras, sayjatas, saytawis, samiris, uywiris, etcétera)[3], posteriormente las empresas mineras continuaron destruyendo, y como todo está relacionado unos a otros (naturaleza, hombre y deidades), se crea malestar en el medio y el cosmos, particularmente con la madre tierra, que a la fecha la comunidad viene soportando estos problemas (ch’axwa - tuta); por lo cual, es importante la intercesión, hombre, naturaleza y la espiritualidad, reconociendo y restituyendo sus valores y principios que los permita vivir en armonía.