SENTENCIA T-420 de 2025
Corte Constitucional de Colombia

SENTENCIA T-420 de 2025

Fecha: 09-Oct-2025

10. Contexto general de los pueblos indígenas del departamento del Vichada

99.   El departamento del Vichada tiene una superficie de 99.094,73[203] Km2, lo que representa el 8,68% del territorio nacional. Está situado al este del país y su territorio está conformado por cuatro municipios: Puerto Carreño, Cumaribo, La Primavera y Santa Rosalía. Según informó el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, el río Vichada atraviesa el departamento y configura dos zonas ecológicas diferenciadas: (i) hacia el norte se encuentran los municipios de Santa Rosalía, La Primavera y Puerto Carreño, que conforman las sabanas de la Altillanura Orinoquense. Estas tierras tienen un menor régimen de inundaciones, ya que se encuentran a una altura mayor a los ríos Meta y Vichada; (ii) hacia el sur está el municipio de Cumaribo, que hace parte de la transición entre las sabanas de la Orinoquia y la selva Amazónica[204]. Esta región incluye extensas llanuras y ondulaciones, bosques de galería, áreas de selva húmeda tropical y relictos rocosos del escudo Guayanés.

100.        Tanto la altillanura como la zona de transición cuentan con un periodo de lluvias entre abril y noviembre con inundaciones por causa del desbordamiento de los ríos, lo que genera un paisaje cambiante que abre y cierra caminos por vía terrestre y fluvial[205]. Ambas regiones ofrecen un mosaico de hábitats con gran biodiversidad, pero la acidez y la delgada capa orgánica de sus tierras impone límites importantes al establecimiento sedentario y permanente de actividades productivas[206].  

101.        De acuerdo con el Censo Nacional de Población y Vivienda (DANE, 2018) la población indígena de Vichada era del 60,7%, (74.095 personas) distribuida en sus cuatro municipios: Cumaribo con 64.714, personas que se reconocen como indígenas, Puerto Carreño con 6.059, La Primavera con 2.240 personas y Santa Rosalía con 1.082[207]. De acuerdo con el registro de la Agencia Nacional de Tierras, el departamento del Vichada tiene 37 resguardos indígenas legalmente constituidos y distribuidos en los cuatro municipios[208]. No obstante, la población indígena del departamento no habita exclusivamente en las zonas reconocidas como tales[209]. Sus habitantes pertenecen a más de siete pueblos indígenas (Sikuani, Amorúa, Piapoco, Piaroa, Achagua, Guayabero y Puinave), conformados por comunidades y familias altamente dispersas en el territorio el cual es habitado por pueblos semi-móviles y semi-sedentarios cuya movilidad está relacionada con sus historias de origen, los ciclos estacionales, las relaciones de parentesco y su vínculo con el territorio[210].

102.        En lo que respecta al municipio de Cumaribo[211], si bien los informes aportados por la gobernación del Vichada, la personería de Cumaribo y el ICANH presentan datos disímiles sobre el número de resguardos (estas entidades indicaron que dicho municipio tenía 29[212], 41[213] y 12[214] resguardos, respectivamente) es claro que se trata de un municipio con un alto porcentaje de población indígena (392 comunidades[215]). El resguardo indígena más grande de Cumaribo es el de Selva Matavén, el cual unifica 17 sectores distribuidos en 5 zonas sobre las riberas de los ríos Vichada, Orinoco, Guainía y Guaviare, en donde perviven 6 diferentes etnias (Sikuani, Piapoco, Piaroa, Puinave, Kurripaco y Kubeo)[216].

103.        Según el DANE, para el 2018 la población que se reconocía como indígena en el municipio de Cumaribo era el 60,7%[217], de los cuales la gran mayoría pertenecía a la etnia Sikuani. Lo anterior, según los datos de la misma entidad, que reportó que para el 2018 la población Sikuani del municipio ascendía al 53,9% del total[218]. Además, es importante destacar que según la gobernación del Vichada, el municipio tiene una población predominantemente rural, con un 96,4% de sus habitantes ubicados fuera de las zonas urbanas.

104.        En lo que respecta a los demás municipios del departamento, la información recaudada por la Sala da cuenta de que el municipio de Puerto Carreño tiene nueve resguardos indígenas formalmente reconocidos[219], correspondientes a las etnias Sikuani (Guahibo), Piapoco, Piaroa, Amorua, Cuiva y Saliba, mientras que en los municipios de Santa Rosalía y La Primavera hay dos[220] y tres[221] resguardos indígenas, respectivamente.

105.        A continuación, la Sala expondrá algunos aspectos comunes a los pueblos indígenas de la región y, más adelante, se expondrán algunas particularidades relevantes sobre cada una de las etnias que habitan los municipios en cuestión.

106.        Según el concepto técnico elaborado por el ICANH, las familias en los pueblos indígenas del Vichada están organizadas en clanes que comparten un origen común vinculado a un ser mitológico. Esta visión abarca no solo a los seres humanos, sino también a los animales, plantas y otros elementos de la sabana y la selva[222]. Así, las formas en que estos pueblos se relacionan con los animales y las plantas están basadas en una concepción espiritual compartida, “en la que estos seres son reconocidos como personas de otras sociedades y con cuyos dueños espirituales se mantienen prácticas de reciprocidad y compensación que permite la sustentabilidad de su modo de vida”[223]. Esta noción compartida se soporta en los mitos de origen en los que coinciden algunos pueblos:

“Para los Piapoco, Sikuani y Piaroa existe un mito común que ordena el territorio y a su vez da origen a los alimentos, relacionado con la caída del árbol de la vida, denominado Kalivirnai, Kallawri, Kaliavir, caliawirrinae, kaliawarinae o Kaliawiri, el árbol mítico del cual nacieron todos los animales y frutos cultivados o de consumo. [...] A partir de allí se ordena el territorio, se reparten los animales, las  plantas y se da la adscripción a los clanes[224]. Este mito expresa una visión del mundo en la que la naturaleza, la organización social y la estructura del territorio están interconectadas, y donde la distribución y pertenencia clanil dependen de reglas sociales, enmarcadas un orden cósmico y sagrado”[225].

107.        Para el ICANH, esta manera de entender el mundo es fundamental para comprender la alimentación en estos pueblos, que involucra un proceso comunitario y cultural complejo[226]. A modo de ejemplo, el consumo de ciertos alimentos está condicionado por las estaciones y los tiempos adecuados, lo que determina cuándo es apropiado comer ciertos productos. Así entendido, el consumo constituye un acto mediador con el ámbito espiritual. Adicionalmente, esta forma de relacionamiento con el entorno entra en conflicto con las lógicas de los asentamientos fijos y estables, ya que responde a las dinámicas cambiantes propias de la selva, la altillanura y la sabana[227].

108.        En cuanto a las dinámicas de alimentación de estas comunidades, estas se soportan significativamente en la horticultura, en especial en productos derivados de la yuca, como el mañoco y el casabe, y otros como el plátano y el maíz, que constituyen uno de los pilares de sus dietas[228]. Estas comunidades también desarrollan actividades de caza[229], pesca y recolección.

109.        A continuación, se sintetizan algunas particularidades relevantes de cada una de estas comunidades, según la información recaudada en la actuación:

Tabla 3. Caracterización de los pueblos indígenas de Cumaribo y el Vichada (de acuerdo con la información aportada por el ICANH[230])

110.        Adicional a lo expuesto, el ICANH describió los procesos históricos que incidieron en la transformación social, cultural y económica de los pueblos indígenas del Vichada. Entre esos factores se encuentran los procesos de colonización y evangelización durante los siglos XIX y XX, la ganadería, la violencia y el avance de los cultivos ilícitos[231]. Esa entidad insistió en que la historia de los pueblos indígenas de la Amazonia y la Orinoquía está marcada por un proceso continuo de despojo y transformación que ha alterado radicalmente sus territorios, estructuras sociales y formas de vida[232]. En la actualidad, continúan enfrentando desafíos caracterizados por situaciones como (i) los procesos de transformación de las estructuras sociales, las prácticas de subsistencia y la relación con la tierra, (ii) pérdidas de tierras y recursos, (iii) las afectaciones a la disponibilidad de recursos que antes eran esenciales para la subsistencia y la alimentación y (iv) la cada vez mayor dependencia de la economía de mercado[233].